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12/28/2005

Haiku (2)

Tus besos son en el tiempo
Las hojas que se lleva el viento
El perfume que aprehendi es
Las noches en vela que pasé

ECHM

12/27/2005

Haiku

Para cuando el sol sestee entre las montañas
Entonces no te ocultes
Anhelo tu calor, tu luz
Y que fluya la savia
Y que crezca la raíz


ECHM

11/06/2005

Se os quiere...

Mis amigos dicen que soy demasiado negativo, que siempre veo la botella medio vacía (eso es por que me he bebido el resto), que debo confiar en la gente y creer en los valores humanos como el amor y la amistad. Entonces, ante semejante acusación, me rebelo y contraataco con todo mi hervor. Les digo que si, que creo en la amistad, que existe la amistad sincera, así como también la interesada, la pasajera y la vital, la entrañable y la quisquillosa, la amistad de borrachera y la de derrochar lágrimas en hombro ajeno, la amistad de café con pastitas y la de noches estrelladas, amistades peligrosas y dóciles, amistades pasionales y compasivas, reales y ficticias, pactadas y espontáneas, serias o de chiste, amistades de negocios y familiares.
Así que, ante tal abanico de posibilidades decidí ir al mercadillo y compré trescientos gramos de amistad de borrachera y dos piezas de amistad pasajera. Me engalané como mandan los cánones y esa noche salí a merendarme a la luna con mis recién adquiridas amistades. Fue una gran noche, pero como me gasté todo el dinero en ellas hoy domingo hecho en falta una dosis de amistad sincera que aligere mi conciencia y someta mis dolorcillos.
No se lo tomen a mal, esto sólo es una nota de suicidio comercial, dedicada a todas mis amistades, aquellas que se quejan de mi pesimismo vital y de que camino por el mundo arrastrando los píes. Eso sí, sin acritud y con mucha ironía. ¡Se os quiere!

10/24/2005

JAIME GIL DE BIEDMA

Pandémica y Celeste

Imagínate ahora que tú y yo muy tarde ya en la noche hablemos hombre a hombre, finalmente. Imagínatelo, en una de esas noches memorables de rara comunión, con la botella medio vacía, los ceniceros sucios, y después de agotado el tema de la vida. Que te voy a enseñar un corazón, un corazón infiel, desnudo de cintura para abajo, hipócrita lector -mon semblable,-mon frère! Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo quien me tira del cuerpo a otros cuerpos a ser posiblemente jóvenes: yo persIgo también el dulce amor, el tierno amor para dormir al lado y que alegre mi cama al despertarse, cercano como un pájaro. ¡Si yo no puedo desnudarme nunca, si jamás he podido entrar en unos brazos sin sentir -aunque sea nada más que un momento- igual deslumbramiento que a los veinte años ! Para saber de amor, para aprenderle, haber estado solo es necesario. Y es necesario en cuatrocientas noches -con cuatrocientos cuerpos diferentes- haber hecho el amor. Que sus misterios, como dijo el poeta, son del alma, pero un cuerpo es el libro en que se leen. Y por eso me alegro de haberme revolcado sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos, mientras buscaba ese tendón del hombro. Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones... Aquella carretera de montaña y los bien empleados abrazos furtivos y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo, pegados a la tapia, cegados por las luces. O aquel atardecer cerca del río desnudos y riéndonos, de yedra coronados. O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino. Y recuerdos de caras y ciudades apenas conocidas, de cuerpos entrevistos, de escaleras sin luz, de camarotes, de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos, y de infinitas casetas de baños, de fosos de un castillo. Recuerdos de vosotras, sobre todo, oh noches en hoteles de una noche, definitivas noches en pensiones sórdidas, en cuartos recién fríos, noches que devolvéis a vuestros huéspedes un olvidado sabor a sí mismos! La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota, de la langueur goûtée à ce mal d'être deux. Sin despreciar -alegres como fiesta entre semana- las experiencias de promiscuidad. Aunque sepa que nada me valdrían trabajos de amor disperso si no existiese el verdadero amor. Mi amor, íntegra imagen de mi vida, sol de las noches mismas que le robo. Su juventud, la mía, -música de mi fondo- sonríe aún en la imprecisa gracia de cada cuerpo joven, en cada encuentro anónimo, iluminándolo. Dándole un alma. Y no hay muslos hermosos que no me hagan pensar en sus hermosos muslos cuando nos conocimos, antes de ir a la cama. Ni pasión de una noche de dormida que pueda compararla con la pasión que da el conocimiento, los años de experiencia de nuestro amor. Porque en amor también es importante el tiempo, y dulce, de algún modo, verificar con mano melancólica su perceptible paso por un cuerpo -mientras que basta un gesto familiar en los labios, o la ligera palpitación de un miembro, para hacerme sentir la maravilla de aquella gracia antigua, fugaz como un reflejo. Sobre su piel borrosa, cuando pasen más años y al final estemos, quiero aplastar los labios invocando la imagen de su cuerpo y de todos los cuerpos que una vez amé aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo. Para pedir la fuerza de poder vivir sin belleza, sin fuerza y sin deseo, mientras seguimos juntos hasta morir en paz, los dos, como dicen que mueren los que han amado mucho.

10/16/2005

Rigor Mortis

La pitonisa le auguró una muerte rápida y plácida y cuando Amaro se encontró con ella no pudo menos que darle la mano y preguntarle por su familia.
- Estás muy demacrada –espetó Amaro contrariado- Los años no pasan en balde para nadie
La muerte se miró a Amaro de arriba abajo y guadaña en ristre no pudo menos que carcajear ante tal falta de respeto. Entonces, cambiando de tema radicalmente, le dijo que tenía un contrato vitalicio con la pitonisa. Lo que ya no concretó es que tipo de comisión recibía por cliente.

Sigue Buscando

Me cansé de pintar amaneceres contemplando tu rostro de facciones imposibles, de desatar tormentas en las cuencas de tus ojos, de escribir cartas con el pulso tembloroso, de buscarte a las cuatro de la mañana en los bares, de convertir la poesía en verbo, de las resacas que deja la marea, del cierzo que desprende tu gélida mirada, de que no cicatricen las heridas del alma y de mil y una cosas mal.
Me cansé de nublar atardeceres alimentando nuestros insaciables egos, de lamer heridas, de escribir cartas de amor en tu torso desnudo, de la lluvia de estrellas encima nuestro, de rezarte en las iglesias y olvidarte en las botellas, de la indiferencia del tus labios, de la parsimonia de tus manos, de subirme a los terrados para aullarle al mundo mi desencanto, del engaño al cual me sometes con tu indiferencia, y de un número múltiple de doscientos de cosas más.
Me cansé de reinventar noches, una a una, de esculpirme en tu mente, de los vendavales calamitosos de tu alma, de la necedad de esta sinrazón equilibrada, de fotografiar este profético naufragio, del vacío de la presencia-ausencia que dejas en mi cama, de mirarme en tus ojos y reflejarme en tus pies, de la esclavitud de los horarios, de verte reflejada en la bañera, del tufillo que desprende la rutina, de pensarte, buscarte y no encontrarte entre despojos, de zurcir nuestros corazones, de llorarte mil mares y de cientos de miles de millones de cosas mal.
¿Porque me dices que en esta tómbola siempre toca, si solo queda una papeleta y el vendedor no me transmite buenas vibraciones? ¿Qué debo hacer si la abro y solo encuentro un sigue buscando?.

12 de Junio

también lo has visto, ¿verdad?
Nerea asintió con la cabeza en un gesto tan delicado como condescendiente. Sus ojos se encontraron con dulzura y sus labios sellaron un pacto de silencio que hoy en día, después de veinte años, aún continúa vigente.
Esa noche se amaron, y no fue un amor como otros amores, de los que se cobijan en el desconsuelo y en la amargura. Allí arriba, donde habitan las orquídeas, fueron cómplices de un deseo nuevo que se repetiría durante mucho tiempo, madrugada tras madrugada, hasta que, como un ladrón de sueños, les sorprendería el alba.
Ander era un chico listo, o al menos eso le decía su madre, no había estudiado más que el graduado escolar, pero era un chico listo. Su espigada figura y su nariz puntiaguda, amén de la graciosa perilla pelirroja que lucía, le daban un aspecto desaliñado pero tierno. Su padre Tirso, trabajador incansable, murió cinco años atrás en un desprendimiento producido por causas naturales en las minas de Zarautz, motivo por el cual su incansable madre había tenido que sacar adelante a tres retoños enquistados en una eterna adolescencia.
Nerea tenía 25 años y un encanto natural. Sus ojos color miel destilaban dulzura y sus pausas antes de realizar cualquier comentario causaban algo de impaciencia en Ander. Ander trabajaba en una granja y repartía la mercancía a domicilio, únicamente con la ayuda de su vieja bicicleta Orbea, compañera de desdichas y de alguna que otra alegría.
Así que la culpa del amor de Ander y Nerea lo tienen una docena de huevos de gallina, la vieja Orbea, y una oportuna intervención del azar. Porque hay personas a las que el destino las une y hay otras que prefieren provocarlo. Nerea y Ander son el destino personificado.
En el Monte de Santa Tecla todas las noches se producía el milagro de la resurrección del amor, pero nunca más volvieron a ver lo que vieron la noche del 12 de junio, la historia jamás contada hasta hoy, día en que la locura se ha desatado en el corazón de Ander.
Ander madrugó aquella mañana, la del 12 de junio, tenía que llevar a su madre al médico, ya que hacía tiempo que las malditas migrañas no le dejaban dormir, y se habían convertido en un ocupa de su cabecita. La vieja Orbea chirriaba protestando por su injusta misión, las bicicletas también se tornan cascarrabias con el paso de los años,- pensó Ander esbozando una sonrisa- Finalmente llegaron al dispensario, ubicado en las afueras del pueblo y aparcaron la bicicleta amarrándola a un arbolito.
El doctor Garitano era un hombre de mediana edad, facciones agradables, y carácter dócil. Ander lo comparaba con uno de esos perros pequeñitos y gruñones que se cobijan en las faldas de la dueña después de ladrar. El doctor Garitano fumaba con boquilla, se reencontró con el vicio el día que halló en la mesita de noche una nota de su mujer diciendo que se largaba por aburrimiento. Desde aquel día en su corazón habitaba el cartel de cerrado por derribo.
Las migrañas nunca desaparecieron, pese a las mil y una recetas que ordenó el Doctor Garitano para acabar con ellas. La desgracia disfrazada de tumor cerebral se llevaría a la señora madre de Ander dos años y cinco meses después. Posiblemente los tiempos de penurias pasaron tremenda factura en su salubridad, Ander creía fehacientemente que su padre se la había llevado con el, a algún lugar mejor donde todas las noches compartirían cena con velitas para dos.
Ander trabajaba duro, de sol a sol, lo que exigieran las circunstancias, ya que como el mismo reconocía, no se podía tener a la clientela insatisfecha en los días que corrían. Los dueños de la granja eran un matrimonio, ya mayor, oriundo de Buenos Aires, que huyeron de la guerra y de la miseria escondidos en un buque de carga una fría madrugada de enero del cincuenta y seis. Eran buena gente, solía decir Ander a Nerea, mientras ella asentía. Nerea siempre asentía.
Ander dejó para el final el encargo más pesado. La señora Pascual siempre pedía víveres en cantidades industriales, como si adivinará el estallido de una guerra de forma inminente. Ella alegaba que mujer precavida valía por dos, a lo cual Ander respondía satisfactoriamente, ofreciéndola la mejor de sus sonrisas. La señora Pascual vivía en un tercero del barrio más humilde de Donostia, y ello exigía un desplazamiento largo y duro. Al llegar la señora Pascual siempre ofrecía a Ander un vaso de leche y un trozo de pastel delicioso, elaborado por ella. Siempre se lo recordaba, y la verdad es que a Ander no le sabía mal que lo hiciese, sabía reconocer cuando alguien estaba orgulloso de una buena faena. Y la señora Pascual lo estaba.
Cuando Ander partió ya empezaba a anochecer y encendió la tenue luz de su Orbea, mientas despacito emprendía el camino de vuelta a la aldea. En su cabeza la imagen de Nerea aparecería pronto, y el saber que ella le estaba esperando allí, en la cima del Monte de Santa Tecla le haría sacar fuerzas de flaqueza. Hoy, 12 de junio, cumpleaños de Nerea y aniversario de la muerte de su padre. El destino en ocasiones es demasiado cruel, pensó mientras empezaba a pedalear a más celeridad.
Al llegar a la cima Nerea ya estaba allí esperándole. Extrajo un pañuelo para secarle el sudor y le dio un beso que sonó como un trueno en el desierto. A Ander le fascinaba el sabor del néctar que emanaba de su boca, cerraba sus ojos y era capaz de pasarse allí minutos y minutos, buceando entre su carne y devorando su saliva libidinosamente. Cuando acabó el protocolo cotidiano se dirigieron al rinconcito habilitado para su regocijo, donde renombraban estrellas e reinventaban constelaciones a la espera de que el milagro del amor se reencarnara entre sus pechos.
¿Quién puede reinventar el amor cada noche, resucitar estrellas, olvidar al olvido, disimular los dolores y enterrar los pesares? Ander y Nerea, Nerea y Ander.
Tú también lo has visto, ¿verdad?
Nerea asintió con la cabeza en un gesto tan delicado como condescendiente. Sus ojos se encontraron con dulzura y sus labios sellaron un pacto de silencio que hoy en día, después de veinte años, se ha roto como un jarrón de bohemia.
Ander esta en el Monte de Santa Tecla, sentado veinte años después pero Nerea ya no está allí, esperándola con su pañuelo rosa de seda y su boca empapada de deseo.

“Y ese que era nuestro secreto, lo que vimos un doce de junio y pactamos con un beso que nunca debía revelarse, ahora tu lo has traicionado dejándome a la deriva. Nerea, lo has hecho y ahora estás muerta. Tirso y mamá se te han llevado
Ahora eres una estrella más, estás entre Tirso y mamá. Yo pronto seré la estrella que os ilumine a todos. Ahora que tildan mi deseo de locura, que embrutecen mis palabras y difaman mis acciones, todos sabrán la verdad de lo que vimos el doce de junio de 1977. Quizás sea ya demasiado tarde para todo, quizás, mas no existe valentía más sufrida que la de romper el silencio con una gran bocanada de libertad. Eso es lo que has hecho Nerea y eso es lo que voy a hacer yo, jugármela a doble o nada Tengo la cámara preparada y cinta para rato. Aquí, esperando a que aparezcas de una vez, maldito Demonio de la noche y sellemos un nuevo pacto. De momento tengo tabaco y provisiones para rato. No hay prisa Belcebú, después de veinte años ya no la hay”

8/07/2005

Raspas

Buscando en el cubo de basura te encontré. Tenías apenas veinte años y la mirada perdida, buceabas en una realidad paralela. Yo estaba borracho, totalmente bebido, y carente de sentimiento me enfrenté a ti. Cuando la raspa de aquel pescado que arrojaste se estrello contra mi pecho supe de tus miserias, todas tus desgracias se desparramaron por el suelo, entre compresas usadas, huesos de aceituna, fotografías rotas y por supuesto, raspas de pescado, infinidad de raspas.
Supe entonces de tus amores desgraciados, de cuando te rompieron el brazo, del día que tus padres te echaron de casa al encontrar aquellas pastillas de colores tan raras. Conocí a través de las raspas todas y cada una de tus lágrimas, como se estrellaron en el suelo y como derritieron el hielo que viste tus entrañas, comiéndoselas, merendándoselas sin piedad ni recato.
Contemplando tus miserias, tus primerizas arrugas, me encontré a tu lado, sumergido en el cubo de basura, buscando allí lo que la vida te había negado durante todos estos años. Fue entonces cuando encontré un corazón de trapo rezurcido y de pálido color. Lo miré y decidí darle un zurcido más, para después pintarlo de ilusión y regalártelo.
Desde entonces compartimos raspas, todas las raspas son para nosotros, ellas nos alimentan, se alojan allí, entre nuestros corazones rezurciditos pero contentos de saber que todos los días reciben su ración diaria, ni mucho ni poco.
Y rezo todos los días para que nunca se acaben esas raspas que entrelazan nuestros pechos. Aunque se que siempre llega el día en que una se te atraganta, pierdes la respiración y te pones morado. Para cuando eso ocurra lo tengo todo previsto. Comeremos carne.
ECHM

5/07/2005

TRISTURA (1ª PARTE)

TRISTURA (1ª PARTE)

Cuando despiertas eres un mar entero
El duerme placidamente
Y tu corazón desbocado deja de latir
Con desmesura
Sabes que nada ha cambiado
Y durmiendo con tu enemigo
Deseas que nunca amanezca
Para que no se noten las marcas
Y no pintar esas ojeras
Que cuelgan de tus persianas
Para quedarse prendidas
En un jirón de tu alma
Desnutridas
Como el amor ajado
Que un día aprehendiste
Entre tus dedos
Volátil y fugaz
Como esa estrella
Perdida entre galaxias
Devorada por un agujero negro
Donde perdiste el timón
De este barco neumático
Y pasaste de ser cárcel a ser reo
De tener lástima a tener miedo
Mucho miedo


4/28/2005

Jodido es.

Es jodido ser extremista, muy jodido. Hay días que me levanto tan excitado que mi corazón palpita arrítmico todo el día, no me deja vivir el condenado. Otros en cambio habría que cavar mucho para encontrarme, estoy en el subsuelo y no hay manera de salir de ahí. Son días de prozac y maldición. Es jodido querer mucho pero es más jodido no sentir nada, y querer lo justo es imposible, de momento no está inventado. Estar increíblemente solo también es un fastidio, pero más lo es sentir la soledad estando acompañado, eso alcanza cotas de desesperación, de impotencia y rabia. La muerte es un extremo verídico, siempre está ahí, esperando ávida, con su sonrisa de hiena y su traje de domingo. El otro extremo es nuestro nacimiento, pero a medida que van pasando los años nuestros recuerdos de infancia son más borrosos, Es muy jodido olvidar nuestras miserias trabajando, hacerle horas al reloj, de sol a sol, como los que cosechan. Pero es más jodido no tener trabajo para ocultar nuestras miserias, pensar es el veneno que en forma de tristeza nos inunda las venas, desbordadas en ocasiones de tanto llorar sangre.
Que jodido es vivir cuando no te sientes aprovechado, cuando te autolimitas y vives con el freno de mano echado todo el día, mordiéndote la lengua y callando verdades como puños, con miedos y fobias, con falta de autoestima y ansiedad. Pero que malo sería vivir en un remanso de paz, donde todos fuésemos buenos y el sol brillara todos los días iluminando nuestras patéticas existencias, tan perfectas ellas, sin indecisiones ni angustiosas noches de tiritera.
¿Y porque éste pegajoso calor de verano que me derrite?, ¿ ésta astenia primaveral que me mece y me sumerge en una letanía de bostezos y sueños?,¿ éste frío invernal que penetra en mis huesos sin permiso?, ¿ésta lluvia otoñal que cala las entrañas y cofunde mis lágrimas saladas?
Y es jodido levantarse y creerse el centro del universo, sentir que no hay mujer en el mundo que merezca pisar el mismo suelo por donde piso, compartir los mismos labios con los que beso, escuchar las sentencias incontestables que nacen de mi perfecto intelecto. Siento, en ocasiones, que no hay mujer que merezca ser rodeado por mis brazos, ser mecido por mirada ni agasajada por mis parabienes.
Pero, ¿no es acaso más jodido ser un infeliz que sabe a ciencia cierta que su futuro tiene forma de maruja compulsiva?, coleccionista de culebrones en DVD y amante de los rulos y las cremas antiarrugas. Los años pasan y a veces la prisa se convierte en desespero, y éste a su vez en errores. Errores sin remisión ni alivio. Yo no quiero un futuro normal, pero quizás si quiera un futuro normalizado.
Y es jodido vivir, pero más jodido debe ser morirse. Cuando eso pase ya no habrá extremos y dejaremos de mirarnos nuestros putos ombligos buscando el centro del universo y encontrando solo pedazos de roña. Entonces, solo entonces, quizás encontremos la verdad, y el equilibrio que ahora tanto echo en falta. Por ahora me parece que las cosas están jodidas. Jodido es.

4/07/2005

RECOMENDADO DE LA SEMANA ( O DEL MES, O DEL AÑO....)

El nuevo disco de el "ex Pirata" Ivan Ferreriro se llama "Canciones para el tiempo y la distancia", y es un discazo, sin desperdicio. Una de esas pequeñas obras de arte que te sorprenden día a día, encontrando en cada nueva escucha un resquicio de genialidad que anteriormente había pasado desapercibido para mis oídos. Letras inconmensurables acompañadas de una voz característica, estoy aboslutamente enganchado al fastuoso amor que desprenden las letras de todas y cada una de las canciones que componen el disco.
El primer single se llama "Tournedo" y sirva como muestra un botón:
"y aunque siga suspirando por algo que no era cierto,
me lo dicen en los bares, es algo que llevas dentro.
Que no dejas que te quieran, solo quieres que te abracen.
Y publicas que no tuve ni valor para quedarme."

Aunque reconozco que cada vez cuesta más que una canción me erice en vello, ¿quién no se deja conmover cuando alguien escupe versos como estos?
Envidio a los privilegiados.

4/06/2005

2 FORMAS DE ENTENDER LA LITERATURA


"Erase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.
Erase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
las doce Tribus de narices era.
Erase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito".
FCO. DE QUEVEDO Y VILLEGAS
Érase un hombre a una nariz pegado
y pegado a la nariz
un talego enrollado
eran unas fosas nasales gigantescas
como túnel grande
sobre carreteraera
era el trabajo de aspirador
al que aspiraba
al que hizo oposición
era era era era que se era
era su nariz su pecado y su condena
Todo por la napia
snif snif todo por la nariz
Era Medellín su tierra prometida
era el polvo blanco su maná y su alegría
no era un camello
sino una caravana
la que le pasaba la materia colombiana
era que estudiaba geografía americana
era que amaba a Toni Montana
y era el pegamento
y las colas industriales
sus otras pasiones
sus efectos personales
Todo por la napia
snif snif todo por la nariz
Era que oía a su madre que decía
Perico, no te excites y Perico se reía
era el placer para su pituitaria
todo lo que entraba fuera línea o fuera raya
era que despacio y poco a poco su tabique
se había desgastado se había ido a pique
y era que escuchaba el consejo del vecino
Haz como yo y ponte uno de platino
Todo por la napia
snif snif todo por la nariz
SINIESTRO TOTAL
"TODO POR LA NAPIA"

4/05/2005

Inseguridad Vs. Orgullo (por la Quartet)

UN FOLLETO EN MI BUZÓN
Angustia, depresión
miedo, timidez
incomunicación
dificultad de relación, estrés
Problemas familiares
tatatatatartamudeo
problemas sexuales
y de inseguridad por feo
Traumas infantiles
problemas del beber
trastornos, alucines
y enuresis, todo de una vez
Hay un folleto en mi buzón
de la consulta de un psicólogo impostor
Lo cura todo, es como Dios
Habrá que hacerle Ministro de la Salvación
Penas, claustrofobias
terror a la verdad
pérdida de memoria
complejos de inferioridad
Fracaso escolar
problemas de pareja
y de salvaje soledad
Aquí no se admiten quejas
Hay un folleto en mi buzón
de la consulta de un psicólogo impostor
Lo tiro en el contenedor
con mi estatua del discóbolo interior
Lo meto en el triturador
y me busco un antropólogo, mejor
Que me ayude a no olvidar
y a querer a los gorilas
Que el aroma de mi hogar
esta bajo las axilas
Que me enseñe a ser mortal
y a perderme en mi cabeza
Que pa curarse cualquier mal
cada uno tenga su receta
Hay un folleto en mi buzón
de la consulta de un psicólogo impostor
Lo cura todo, es como Dios
Habrá que hacerle ministro de la Salvación
Que si el silencio es mi doctor
mi compañera es la enfermera del amor
Que si la tierra es mi hospital
en mi tumba no hay consultas que pagar
Hay un folleto en mi buzón
de la consulta de un psicólogo impostor
Lo cura todo, es como Dios
Habrá que hacerle ministro de la Salvación
¡Habrá que hacerle ministro!
Que el que no tenga algo de enfermo
es que esta en el limbo dormido o esta muerto
Daniel Higiénico& La Quartet Baño Band
L.P. Lágrimas de Chimpance
"HAY UN FOLLETO EN MI BUZÓN"

4/03/2005

De pajas, cerveza y buena coversación....

Las noches son idílicas, amantes de la buena conversación, y precursoras de debates interminables alumbrados por la brillantez de una locuacidad nacida del sabor de una mística cerveza (o de varias de ellas).
Cada uno dice la suya y los temas se van sucediendo, aumentando en número las incongruencias a medida que el alcohol va haciendo efecto en nuestros destilados cuerpecillos. La política, el amor, la amistad, la filosofía barata, los años que van pasando, el amor una y otra vez … Todos los temas van surgiendo espontáneamente cual estornudo inoportuno, y como he dicho anteriormente todo bicho viviente aporta la suya.
Pero mientras se sucede tanto tema metafísico, mezclando el alcohol con los recuerdos, las experiencias vividas, las que nos quedan por pellizcar y todas las vivencias trascendentes y demás puñaladas traperas que hemos sufrido inesperadamente en lo que llevamos en este planeta, una duda existencial alberga latente en mi pensamiento. ¿QUIÉN DISFRUTA MÁS, EL MAMADOR O EL SER MAMADO?

3/28/2005

Queda el silencio

Son las seis y aqui estoy en esta playa, buen lugar para pensar, marea baja. Todos duermen, menos yo todo esta en calma, y te escribo una canción de madrugada sin guitarra y sin nadie que escucharla en la arena. Y digo, aun queda el silencio, queda el recuerdo, aun queda el recuerdo, partido por el viento queda el silencio. Son las seis o tal vez se ha parado mi reloj, y las olas se llevaron mis palabras y las huellas que he dejado con la palma de mi mano y ahora solamente queda lo que suena en mi cabeza y la espuma que se aleja, eso queda. Y digo aun queda el silencio, queda el recuerdo, aun queda el recuerdo partido por el viento queda el silencio. Y digo aun queda el silencio, queda el recuerdo, aun aun queda el recuerdo, queda el momento, queda un lo siento, aun queda el silencio. Como una lagrima negra en la arena partida cayo, queda el silencio, queda el recuerdo, aun queda un momento.
AMARAL
QUEDA EL SILENCIO

3/22/2005

MAS DE CIEN MENTIRAS

Tenemos memoria,
tenemos amigos,
tenemos los trenes,
la risa, los bares,
tenemos la duda y la fe,
sumo y sigo,
tenemos moteles, garitos, altares.
Tenemos urgencias,
amores que matan,
tenemos silencio,
tabaco, razones.
Tenemos Venecia,
tenemos Manhattan,
tenemos cenizas de revoluciones.
Tenemos zapatos,
orgullo, presente,
tenemos costumbres,
pudores, jadeos,
tenemos la boca,
la lengua, los dientes,
saliva, cinismo, locura, deseo.
Tenemos el sexo y el rock y la droga,
los pies en el barrio
y el grito en el cielo.
Tenemos Quintero, León y Quiroga,
y un "bisnes" pendiente con Pedro Botero.
Más de cien palabras,
más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas.
Más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.
Tenemos un as escondido en la manga,
tenemos nostalgia, piedad, insolencia,
monjas de Fellini,
curas de Berlanga,
veneno, resaca, perfume, violencia.
Tenemos un techo con libros y besos,
tenemos el morbo, los celos, la sangre,
tenemos la niebla metida en los huesos,
tenemos el lujo de no tener hambre.
Tenemos talones de Aquiles sin fondos,
ropa de domingo,
ninguna bandera,nubes de verano,
guerras de Macondo,setas en noviembre,
fiebre en primavera.
Glorietas, revistas,
zaguanes, pistolas,
"qué importa", "lo siento", "hasta siempre", "te quiero",
hinchas del Atletí, gangsters de Coppola,
verónica y cuarto de Curro Romero.
Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas,
más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.
Tenemos el mal de la melancolía,
la sed y la rabia,
el ruido y las nueces.
Tenemos el agua y, dos veces al día,
el santo milagro del pan y los peces.
Tenemos Lolítas, tenemos donjuanes;
Lennon y McCartney, Gardel y LePera;
tenemos horóscopos, Biblias, Coranes,
ramblas en la luna, vírgenes de cera.
Tenemos naufragios soñados
en playas de islotes
sin nombre ni ley ni rutina.
Tenemos heridas, tenemos medallas,
laureles de gloria, coronas de espinas.
Más de cien palabras, más de cien motivos
Para no cortarse de un tajo las venas,
Más de cien pupilas donde vernos vivos,
Más de cien mentiras que valen la pena.
Tenemos caprichos, muñecas hinchables,
ángeles caídos, barquitos de vela,
pobres exquisitos, ricos miserables,
ratoncitos Pérez, dolores de muelas.
Tenemos proyectos que se marchitaron,
crímenes perfectos que no cometimos,
retratos de novias que nos olvidaron
y un alma en oferta que nunca vendimos.
Tenemos poetas, colgados, canallas,
Quijotes y Sanchos, Babel y Sodoma,
abuelos que siempre ganaban batallas,
caminos que nunca llevaban a Roma.
Más de cien palabras,
más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas,
más de cien pupilas donde vernos vivos,
más de cien mentiras que valen la pena.
J. SABINA
MÁS DE CIEN MENTIRAS

EL GRAN HIGIENICO


Kafka

3/21/2005

RIMA XXIX

Sobre la falda tenía
el libro abierto,
en mi mejilla tocaban
sus rizos negros,
no veíamos las letras
ninguno, creo,
mas guardábamos ambos
hondo silencio.
¿Cuánto duró?
Ni aun entonces
pude saberlo.
Sólo sé que no se oía
más que el aliento
que apresurado escapaba
del labio seco.
Sólo sé que nos volvimos
los dos a un tiempo,
y nuestros ojos se hallaron
y sonó un beso.
Gustavo Adolfo Béquer

La Distancia


Nunca más oiste tú hablar de mí,
en cambio yo seguí pensando en tí,
de toda esa nostalgia que quedó,
tanto tiempo ya pasó y nunca te olvidé.
Cuantas veces yo pensé volver,
y decir que de mi amor nada cambió,
pero mi silencio fue mayor
y en la distancia muero día a día sin saberlo tú.
El rezo de ese nuestro amor quedó,
muy lejos olvidado para tí,
si alguna vez mi amor piensas en mí
ten presente al recordar que nunca te olvidé.
viviendo en el pasado aún estoy
aunque todo ya pasó se que no te olvidaré.
Cuantas veces yo pensé volver,
y decir que de mi amor nada cambió,
pero mi silencio fue mayor
y en la distancia muero día a día sin saberlo tú.
Pensé en dejar de amarte de una vez,
fue algo tan difícil para mí,
si alguna vez mi amor piensas en mí
ten presente al recordar que nunca te olvidé.
Cuantas veces yo pensé volver,
y decir que de mi amor nada cambió,
pero mi silencio fue mayor
y en la distancia muero
día a día sin saberlo tú.
Cuantas veces yo pense volver,
y decir que de mi amor nada cambió,
pero mi silencio fue mayor
y en la distancia muero
día a día sin saberlo tú.
Andrés Calamaro
La Distancia

3/20/2005

Kilómetro Cero

Hoy sale la foto de Josué en el periódico local. Dice que lo encontró un labriego mientras faenaba la tierra. Entre azadas de devoción allí apareció él, perdido y desorientado como una alergia sin mes de abril. No se conoce su procedencia y sólo repite constantemente un nombre, Josué. Se ha perdido en un mundo de estrellitas fugaces y eclipses de sol, se ha olvidado de olvidar que el final del camino siempre está cercenado. Con la respiración entrecortada y las piernas temblorosas se plantó delante del fornido campesino y sus labios destrozados por el frío cortante de un invierno castigador solamente escupieron ese nombre: JOSUÉ
Érase que era que Josué comenzó a caminar un día cualquiera de un mes sinsentido en un sitio aproximadamente igual al que todos conocemos. Y fuera que comenzando a andar también empezó a olvidar todos sus recuerdos, datos superfluos y prescindibles que poblaban su mente. Al salir del barrio testigo de su infancia las calles dejaron de tener nombre, también los bares, las tiendas de deporte, restaurantes, la biblioteca, las peluquerías y los kioscos de prensa. Todo era desconocido para él y la gente que acompañó sus días de gloria ahora solo eran sombras pululantes que se amontonaban alrededor suyo. Bultos sospechosos.
Después fueron los recuerdos más próximos los que emigraron de su cabecita. Mientras caminaba por la vieja comarcal maltrecha por el infinito pisar de ruedas de pesados camiones olvidó lo que su madre le había preparado para comer, la universidad donde aprendió que la vida no se escribe en los libros, los trabajos burdos donde le golpeó la realidad mas cruel, y también olvidándose de su edad y circunstancias, fue incapaz de distinguir el mal del bien, lo productivo de lo estéril.
Y pasaron muchas lunas que crecieron y menguaron, cientos de soles abrasadores o de tenue avivar, furiosa lluvia que empapó sus párpados y vientos azotadores que curtieron su piel y despejaron su mente. También subió montañas para después bajarlas, bordeó ríos de colores en cuyo regazo se postró agotado intentando recordar el motivo de esté porque sin pregunta previa, destrozando sus zapatos y amanerando su alma. Fue entonces, en ese preciso momento, cuando olvidó el nombre de su madre, los rostros de los amigos, olvidó a sus hermanos y también el color de pelo de sus desafortunados amores. Aún poseía, no obstante, el suave sabor de sus besos aprehendido en el paladar, entre la punta de la lengua y el final del esófago. Allí aposentados cómodamente esperaban su final, desgastándose como una chocolatina en la boca de un niño.
Pero estos también acabaron desapareciendo, sus besos, y también los abrazos estremecedores que alumbraron tiempo ha negras noches de desilusión, ahuecando de su espíritu y desertando de empresas mayores y promesas yermas.
Y ayer vi la foto de Josué en el periódico local. Decía que lo encontró un labriego mientras faenaba la tierra. Era como una tabla lisa, un diamante aún por pulir. Recorté la foto y la guarde entre mi cartera y el corazón. Aprendí entonces, súbitamente, que siempre quedan retazos por olvidar, momentos que nos acompañarán eternamente por mucho que caminemos, por muchas suelas de zapato que gastemos. Y calculé los kilómetros que hay que recorrer para perder la cordura, para conocer al labriego y fecundar la tierra que nos mece. Calculé el precio del valor gastado y el de la condena que nos acompaña eternamente. Quizás no compense, quizás no.
ECHM

3/19/2005

La voz tras el nombre


-¿Fuego?
La palabra corrió en la cama de matrimonio como una llama y quemó a los amantes.
-No, yo no escuché eso. ¡Atenta! –dijo el hombre.
Murieron varios minutos y de nuevo gritos en el pasillo.
-Juego, dicen juego... –la mujer respiró tranquila-. Son los músicos de al lado, que vienen borrachos.
-Sí, ven aquí, volvamos a hacerlo.
-Al principio fuego –los besos tapaban las palabras-. Luego, fue juego. O puedo. O quiero. Pero nunca fuego de ¡fuego!
Los amantes se achicharraban, sudando hasta la muerte y fundidos entre abrazos y lenguas, cuando una vez más pareció que del silencio del hotel nacía el grito de guerra fatídico.
-¡Tomás! –la mujer frenó en seco la quinta marcha del amante-, ¿qué hacemos?
-Mujer, manías. Sigamos jugando y que nadie nos moleste.
De repente se abrió la puerta de la habitación y entró un señor con gabardina, bigote, casco y hacha.
-¡Dios! No me lo puedo creer, Tomás...-dijo la mujer ocultándose tras su corpachón de ballena -. ¡Es mi esposo!
-Tranquila, yo te cubro. Perdone, ¿es posible que no nos moleste? Sólo un poco, unos segundos –preguntó el amante al marido del cuerpecito que intentaba respirar debajo de él.
-¿Es que no escucharon el grito de fuego?
-Cariño –susurró la mujer-, ¿tú llegaste a oír algo?
-Escuché un quiero, y después juego. Luego, quiero juego. Oiga, ¡déjenos! Fue un “quiero juego”. ¡No nos moleste!
Y el bombero cerró la puerta.
-Fuego, fue ¡fuego! ¡Fuego! Ustedes tres –ordenó el bombero jefe en el pasillo-, vuelvan a encender todo lo que apagaron. ¡Ya!
IHB
.
Amigo, como ves me he contenido.
En el próximo post, una foto.
-

3/13/2005

DEBILIDAD

Hoy me han despertado los gritos de dos yonkies. Eran las 06:30 de la mañana y lo primero que hice fue injuriarlos. De repente uno de los dos se calla y el otro comienza a solicitar ayuda. Pedía una ambulancia y desesperado imploraba clemencia. Al parecer al compañero le habían abierto la cabeza. Y yo cómodamente acurrucado en mi cama, calentito entre las sábanas y mantas pensaba en la debilidad de las personas sensibles y en el egoísmo del género humano en general. Maldecía lo fácil que es, demasiado fácil quizás, refugiarse en los caramelos envenenados con los que la vida nos obsequia cuando todo se tuerce. Pensaba en las drogas como refugio eterno de nuestros problemas, también en el alcohólico que un día tuvo una vida plana, en el yonkie que observa como todo el mundo cambia de acera cuando lo ve, y en el loco que un día decidió buscar refugio en una perpetua locura. Y yo creo que también me llegará la hora de decidir. Decidir entre la droga o la eterna locura, dejar que otros elementos externos sustituyan a éste pensar que tanto me perturba. Pronto será el momento de encauzar toda mi debilidad, dejar que otros decidan por mí. Es imposible ser débil en un sociedad en la que imperan valores ególatras y de perfección absurda, como el culto al cuerpo o el poderoso “don dinero”. Yo no quiero tener un cuerpo 10, ni comprar amor a golpe de talonario. Lo que yo quiero no está en venta ni de moda.
Son valores nazis, fascismo sutil pero demoledor, encubierto de falsa felicidad, de democracia etérea. Hay que tragar, pasar por el aro, y no separarse del redil. Si lo haces estás perdido, serás marginado y vilipendiado.
Llegada esta situación, a los seres débiles solo nos queda lo marginal, lo prohibido, lo que está mal visto socialmente. Quizás no sea “la solución”, pero si que es “una solución”.
Minutos más tarde escuché, calentito y acurrucado desde mi lecho, como llegaba la policía y se llevaban a los yonkies La ciudad puede estar tranquila, las fuerzas de seguridad nos protegen de malhechores y gente de mal vivir. Ellos se preocuparan de que no nos desviemos del camino a seguir.
Somos marionetas de una vida preconcebida y estudiada, pero yo estoy preparado para cortar los hilos. Para caer en picado

3/06/2005

EQUILIBRISTAS

Éste invierno que no acaba, éste minuto eterno, esa palabra que se quedó entre el corazón y la boca, las cosas que nunca te dije, las cosas que nunca debí decir, una mirada cándida, una imagen en tu retina, un momento de felicidad, empatía, rencor, desamor, placer y odio.
Estoy paseando por esta cuerda endeble a veinte metros de altura, voy con los ojos vendados y llevo el corazón en la mano derecha. Gotea sangre y lágrimas, huele a rancio sudor. Me encuentro con un negro que está lavando su coche mientras la radio canta. El también canta. “sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas”, me paro y le observo detenidamente, es feliz, o al menos eso aparenta. Yo lo soy si él lo es, sonrío y me largo, pero mis pasos son más rápidos y grandes. Mi corazón ya gotea menos sangre.
Éste verano que no llega, esa cena que nunca te preparé, el viaje de mi vida, la teoría del capricho Vs. el amor de tu vida, un viaje a ningún lugar, el pasado, la realidad, los nervios, un abrazo eterno, una parada cardiovascular, el principio del fin, el fin del principio, el reencuentro, nuestro desencuentro, las migrañas del alma, la carta extraviada, el puto destino que no asoma sus pinrreles, un cuadro sin terminar, el llanto Vs. la sonora carcajada, la impotencia del perdedor, éste hacerse mayor sin motivo, la decadencia, el vicio Vs. La inocencia, lo que se quedó atascado entre el corazón, mi boca y tus oídos, nunca llegó al tuyo (a tu corazón).
Estoy paseando por esta vereda tranquila, me estiro en la hierba, cierro los ojos y escucho el murmullo del río, un cervatillo se acerca elegante y me dice “guapo”. Yo le miro y le doy las gracias, “tu si que eres guapo”, pienso mientras le acaricio el lomo. Quiero ser cervatillo para mirarme en el río y verme allí reflejado. No quiero ser más ser humano, no quiero darme cuenta de cuanto viejo me hago, ni de mis errores ni de mis defectos, sólo quiero poder ser sincero, no morderme la lengua, no tener que olvidarte porque ya te olvidé. Necesito fe en mí para alejarme, para acercarme y alejarme. Y no tener que disimular, ¿hay algo peor que disimular? Si, lo hay, y se llama orgullo, pero lo estoy disimulando. Mi corazón es un órgano espumoso, un músculo sano que bombea sangre por doquier.
Ésta primavera asmática, el champú de caramelo que cubre tu piel, las emociones, la distancia, el olvido, los lamentos, las pataletas, un si quiero estrellado, los dioses a los que un día me aferre, la sucia mentira que desprendí, la imagen distorsionada, las canas del corazón, la alopecia espiritual, el genio de la lámpara evaporado, la casualidad y la causalidad, tus restos y los míos, los de los dos.
Estoy en este lecho de rosas en el centro del huracán, tú estás a mi lado, y ya no me callo. Te lo digo todo, lo bueno y lo malo, el ying y el yang, Me matas, me quieres, me matas y me quieres. Ésta pura contradicción, el calor que desprendes, un susurro en mi interior, la ola que rompe en mi cuerpo y me empapa todos los rincones, la lluvia que deserta de mis ojos para caer muerta en los tuyos.
Ahora tengo un corazón en rebajas, un saldo agotado que ha dejado de sangrar, que bombea despacito pero seguro, hasta saciar todos los rincones de mí. Espero algún día llegar también a tus esquinas. El precio es la vida, toda o la parte que acordemos, el precio eres tu.
Como un equilibrista del amor.

2/26/2005

Numerología

Lo contamos todo. Absolutamente todo. Contamos los días que quedan para que llegue el viernes, el número de yemas de este huevo frito que estoy cocinando, deshojamos la margarita de nuestras vacaciones de verano, contamos las horas que estamos despreciando nuestra vida en un infesto trabajo, los 32 años de hipoteca que nos quedan por pagar, el tiempo que llevamos casados y el tiempo que nos queda por soportar esta gran mentira.
Y cuento con 29 años, o eso dicen, y he aprendido solo 2 0 3 cosas de la vida, y he disfrutado 3453 momentos de placer, me he entregado 2476 veces mientras mi corazón bombeaba sangre a 120 pulsaciones por minuto. He eliminado 205345 neuronas intentando hacer feliz a mis allegados invirtiendo 15456 euros en absurdos regalos liberadores de conciencia, mientras mis 2 ojos destilaban 2343 chispitas de ilusión malparida. He sufrido 237 desengaños, 23 traiciones, 12 puñaladas traperas y tengo 3 soplos en el corazón. Te he escuchado 2456764 minutos y te he dado 235 consejos que no han servido para nada (0). He dormido más o menos 438480 minutos y he derramado aproximadamente 37 litros de lágrimas por gente por la cual me he planteado 987 veces si merecía la pena hacerlo. He escrito 63 historias donde he dejado 1/10 de mi limitada capacidad intelectual. He dicho te quiero 12 veces y me lo han dicho otras 12 con un 90% de sinceridad, he dado 1 millón de besos y he visto 12764 estrellas mientras besaba. Me he caído 7 veces y me he magullado mis 2 piernas, mis 2 brazos y mi único corazón.
He soñado 23463 contigo, me he emborrachado 236 veces para olvidarte, he viajado a 189 sitios distintos y he grabado en mi mente 2901 fotografías polaroid a todo color.
Y el resto de mi vida serán más números, números felices o aciagos, sueños de un pirado que anhela dejar de contar. Un graduado sin título y un aspirante a viajero sin diario ni brújula.
Y cuando llegue mi último día tendré 1 millón de recuerdos acumulados, y sólo espero que en mi último suspiro tu estés allí presente y no seas un puto número más en esta entelequía numérica que finaiza en una (1) única y fatídica verdad.

2/13/2005

De máscaras y enigmas.

Entre el placer y el dolor habita todo lo demás. Parece mentira que en tan minúsculo espacio vital quepan infinidad de sentimientos tan dispares. ¿Nunca os habéis parado a pensar que sería del uno sin el otro? Es imposible encontrar dos polos supuestamente tan opuestos que en la realidad estén tan juntitos. Es filosofía japonesa la que nos enseña que no hay placer sin dolor, al igual que no hay tristeza que no ayude a comprender y valorar la alegría, ni llanto que dure cien años sin acabar en sonora carcajada. Puede llegar a ser desquiciante si nos paramos a pensar en ello detenidamente. Es como un chicle que se estira y se estira pero no termina de romperse, entonces las sensaciones se polarizan aún más, el placer es más placer y el dolor mucho más dolor. Y es ahí, entre el inmenso dolor que atenaza el pecho y el desbordante exceso de un placer sin medida, donde se encuentra desperdigado todo lo demás. Son los esputos del alma, la morralla, lo rutinario, lo inmediato, las cenizas de un fuego que fue incandescente convertido en desangelado rescoldo.
Yo siempre he expresado mi profundo desprecio por los extremos, los radicalismos nunca fueron conmigo, y entre los tres bancos del parque siempre escogí el de en medio. Pero me pregunto (y me jode) si en el tema de amar y ser amado es lícito actuar con ciertas reservas, si es mejor amaestrar el corazón al ralentí, o de lo contrario es antinatural reprimirse y echar el freno de mano cuando te duele el alma de tanto sentir.
Cuando eres un chaval ingenuo la vida es una catarata por la que te asomas sin tener en cuenta el peligro en el que incurres. Entonces, cuando las aguas del río bajan revueltas, las armas de las que dispones para luchar contra ellas son vetustas y la pólvora está mojada. Y pasa que, cuando vienen mal dadas, luchas encarnecidamente con los escasos medios que posees. Vas desnudo, solo arropado por un par de hojas que esconden tus atributos, y armado con un tirachinas pueril. Solo esto tienes y una ingente ilusión. Mas no es suficiente cuando la tormenta arrecia amenazante, y al final las aguas turbulentas acaban engulléndote sin piedad.
Cuando creces recelas. Pierdes la ingenuidad que te avalaba antaño pero las armas que posees son demoledoras. Además ya no eliges el descenso del Amazonas para tus vacaciones sino que te conformas con un paseo en uno de esos patines playeros tan deleznables. Se pierde intensidad pero se gana en lucidez.
Esa es la verdad irrefutable, nos apelmazamos conciente o inconscientemente, y el chicle se reseca, cada vez cuesta más estirarlo, el placer es un beso de buenas noches y el dolor ya casi ni duele.
Entonces, queridísimo/a chaval/a, sientes el abrazo letal de la morralla, el beso del sueño que narcotiza y adormece tus sentidos hasta dejarlos sin función ni amnistía.Y es en ese momento, queridísimo/a chaval/a, cuando se produce el punto de inflexión en el que, aunque quizás tu no te des cuenta, te estás empezando a morir.

Este "adiós" no maquilla un "hasta luego",
este "nunca" no esconde un "ojalá".
Estas cenizas no juegan con fuego,
estas cenizas no miran para atrás.
Este notario firma lo que escribo,
esta letra no la protestaré.
Guárdate el acuse de recibo,
esta vísperas son las de después.
A este ruido tan huérfano de padre
no voy a permitirle que taladre
un corazón podrido de latir.
Este pez ya no muere por tu boca,
este loco se va con otra boca.
Estos ojos no lloran más por ti.
Joaquín Sabina
"Nos sobran losmotivos"

2/06/2005

Dalirando

¿Lo escribo o no lo escribo?

Abro la ventana de mi angosta habitación y me encuentro un día gris, plomizo. Una fina lluvia cae y entonces, ya antes de que deserten mis legañas, comienzo a dudar sobre la conveniencia de salir o no. Y así estoy todo el día y ante cualquier circunstancia, siempre dudando sobre que decisiones tomar. Por muy banales que sean ya suponen un esfuerzo para mi cerebrín, que como un obrero maltratado y explotado hinca la bandera de guerra entre mis sesos y se declara en una huelga indefinida de pensamientos.
Si me cuesta horrores aventurarme a salir en un día gris, ¿cuántas vidas necesitaré para llamarte?, ¿Cuántas reencarnaciones para casarme?, ¿y para tener hijos? Decidirse entre mil y un bancos para hacer una hipoteca, entre varios amores, entre un puñado de trabajos cada uno de ellos más deleznables, decidir el color de las cortinas, el nombre de los niños, playa o montaña, piso o adosado, carne o pescado, ducha con mampara o bañera, boda civil o por la iglesia, los invitados al banquete, la estructura de las meses, parquet o baldosa para el pisito, pintura color salmón u color ocre, pizzería o restaurante, besarte o quedarme con las ganas, quererte todos los día o ignorarte, butano o gas natural, el abuelo en el geriátrico o en casa, vacaciones en el pueblo o en Playa Babaro, corbata o sin corbata, traje o pantalones de pinza, la película o el partido de fútbol, vino blanco o rosado para el pescado, escuela pública o privada para los nenes, café o descafeinado, dormir para arriba o hacia un lado, pijama corto o largo, cine o teatro, en tu casa o en la mía, misionero o algo más arriesgado, cigarrito de después o no, abrazarte o tristeza post coitum, verdad sincera o mentiras piadosas. Presento mi dimisión para tomar decisiones en mi vida, es un riego demasiado grande, el cual no estoy dispuesto a asumir si no es previo contrato liberador de dolores de cabeza. Por eso paradojicamente he "decidido" esperar que otros las tomen por mí, es cobarde pero efectivo, y mi conciencia no se ve tan maltrecha por ello.
A las malas, estoy dispuesto a que me sometan a una arriesgada operación de reducción de cerebro, pero primero debo decidir la clínica donde someterme a tan arriesga intervención.
¡Maldito círculo vicioso sin salida ni parangón!

1/31/2005

¿Por quién doblan las campanas?


La puerta metálica se abre chirriante bajo la atenta mirada de Darío, el guarda de seguridad que impertérrito contempla la escena. Sus ojos se han acostumbrado al dolor ajeno, y la sangre que corre por sus venas se ha convertido en descongelante para coches.
El manojo de llaves que cuelga de su bolsillo derecho rompe el silencio y secciona la tensión contenida como el cuchillo que corta el pastel nupcial. El corredor de la muerte tiene un microclima propio. La antesala de la muerte nunca la imaginó Mauricio tan fría y deshumanizada. Es el preludio de la muerte lo que le da miedo de morir, al igual que la primera pelea es antesala de la ruptura matrimonial. Piensa en la boda de su hermano Ramiro y de cómo la mirada de la novia borracha fue el preámbulo de un imprevisto divorcio.
Escalofríos, uno tras otro le recorren las articulaciones pesadas por los años pasados en el cubículo ciego que aprehendió de memoria. Sus piernas adormecidas cuentan los últimos pasos y aprenden de nuevo a andar. Su caminar es inseguro como el de un bebé que tembloroso deambula por la estancia mientras sus padres lo miran, se miran, y babean. Todo al unísono.
Mauricio y Darío cruzan una breve mirada avergonzada. Todos guardamos secretos inconfensables que nos llevaremos a la tumba. A Mauricio se los robará una descarga de un millón de voltios y el rigor mortis. A nosotros quien sabe lo que nos depara el destino.
Son cuatro los cerrojos que Darío tiene que abrir para acceder a la sala. Es una acción rutinaria, como la siesta del domingo o como el beso de buenas noches que recibe un buen hijo. Están recios por el poco uso y fríos por las malas noticias. Mauricio siente que los minutos son segundos cuando la muerte apremia, que los relojes van más deprisa que los corazones. Piensa en sus padres, pero se le ha olvidado el llanto de no usarlo. Lucia y Ángel esperan detrás del cristal, envejecidos por los azotes de la vida nunca imaginaron tener que ser testigos de la muerte de un hijo en directo. El peor de los reality shows, retazos de una telebasura voraz e hija bastarda de una mente descarriada.
Darío destensa los grilletes mientras el juez última los preparativos de la fiesta. El párroco es el invitado de honor y la muerte la más guapa del baile. Cuando la circulación vuelve a sus manos Mauricio se siente más cerca de la libertad que nunca. Atrapa el aire en un soplido y su mente se resquebraja en mil y un lamentos.
Siempre había intentado imaginar como serían los momentos previos a su muerte, y de que color y textura sería la silla eléctrica. Ahora se siente decepcionado, no siente nada especial más que miedo. Decide desechar el pensamiento que le turba y se consuela pensando en lo bonito que sería morir sentado cómodamente, sin sentir el dolor de huesos ni su rigidez extrema.
Darío le invita a sentarse y Mauricio accede mientras piensa si tiene alguna otra alternativa. En breve está conectado y su corazón late tan fuerte que el eco rebota en las paredes de la sala y se mezcla con el ruido eléctrico de la máquina.
El párroco se acerca a Mauricio y le ofrece la extremaunción. Éste duda pero finalmente la rechaza. Es inútil aferrarse a una fe desdeñada toda la vida. Sería como aprender a bailar sin piernas o a besar sin labios. Mauricio aferra la mano del cura y siente su calor, la sangre que le fluye cansina por las venas tapadas por el tabaco y los vicios.
Le pide perdón y el párroco se lo concede a tapadillas. A falta de confesionario acerca su boca al oído de Mauricio y de sus labios emana un susurro.
- Es la hora chavalillo, arrepiéntete, tus padres olvidaron ya el traspiés. Dime cual es tu último deseo antes de morir.
- Padre- dice Muricio- si es posible quiero que el guarda no me retire la mirada cuando esté muriendo. Quiero ver su rostro antes de marchar de este mundo.
El párroco informa a Darío sobre su última voluntad y éste, aunque extrañado, accede a la singular petición. Se coloca en frente de Mauricio y espera la señal. Cuando el juez baja la palanca el cuerpo de Mauricio comienza a estremecer espasmódicamente. Solo sus ojos se mantienen firmes, clavados en los del guarda. Fijos y perpetuos sus miradas se pelean como dos gallitos de corral. Cuando la fuerza remite y la vida se le va escapando, el ejecutado va entornando los ojos y relajando los músculos hasta que se convierte en un muñeco de trapo.
Mientras se llevan el cuerpo sin vida de Mauricio la habitación es un cuadro. La madre aferra el rosario que cuelga de su cuello y Ángel se la lleva a rastras de la estancia. El juez abandona la sala cabizbajo y con el rabo entre las piernas. También un poco de su vida se va con cada ejecución. Darío, compungido ocupa el lugar del ejecutado. Le pide al párroco que no se vaya, que su faena aún no ha terminado.
- Padre, necesito que me ayude. No quiero seguir viviendo ahora que se lo que pasó.
- Pero hijo mío, ¡se ha vuelto loco! Yo no puedo ejecutarle si usted no ha cometido ningún delito.
- Saber la verdad es el más grande de los delitos. El no lo hizo. Lo he visto en sus ojos. No puedo vivir con esta carga toda mi vida. Deseo que me ejecute.

El cura duda. Sus manos son tembleque y su mente frío polar. Darío conecta los cables como muchas otras veces había hecho para los demás. Era más difícil autoconectarse. Mucho más complicado. La palanca baja lentamente y el párroco fija la mirada en los ojos de Darío. Lo que allí ve mientras se va muriendo permanecerá dentro de él toda su vida. Pero es cura, sabrá mantener un secreto.
El día después amanece despejado. El cura anuncia el sepelio mientras los familiares despiertan de una mala noche. El párroco va muriendo lentamente, el aún no lo sabe pero se está muriendo. Y mientras la muerte le va venciendo aturdido se pregunta, ¿por quién doblan las campanas?

1/23/2005

¡Quiero ser un Sex Pistol!

¡Rayos! Lo noto. Son las canas de la noche. Las que se apoderan de mi entre tinieblas noctámbulas. El sueño coge las riendas de mi mente, los cubatas se atascan en mi gola-ya no soy el que era- y las columnas y muros se adhieren a mi espalda. Es un silbido el que las atrae, un canto de sirenas totalmente inevitable. Una lágrima que deshace el hielo.
Me niego a hacerme mayor, aunque manadas de adolescentes zumben a mi lado, pavoneándose y mostrando su perfecta juventud. Preferiría renunciar a cosas irrenunciables, renunciar al amor y a la verdad, renunciar al respeto que te tengo.
He aquí los primeros síntomas de mi madurez ósea, de rigidez espiritual. Cambio noches libertinas por mañanas soleadas, salas de fiesta por paseos matutinos y aperitivo con buena conversación.
¿Qué será lo próximo? ¿Renunciar a mis principios? ¿Buscarte y fingir que estoy enamorado? ¿Tener una familia utópicamente feliz?
Malos tiempos para la lírica, cuando las canas empiezan a brotar, esas canas nocturnas que relucen en la oscuridad de la discoteca, descubriéndote y poniéndote en evidencia ante todo el mundo.
A veces pienso que quizás algún día se imponga la lógica en mi cerebro, y se acabe esta eterna partida de ajedrez con un adicto al jaque mate. De momento se que no quiero matar mi juventud ni arrancarme las canas desesperado. ¡Yo quiero ser un Sex Pistol!

1/14/2005

DE ENVIDIA Y OTROS VICIOS

La envidia: Ese sentimiento tan despreciable y a la vez inevitable. Envidiamos al que le han tocado los ciegos cuando nosotros ni siquiera jugamos, al que tiene una novia que es más interesante que la nuestra, al que lleva un deportivo descapotable mientras continuamos explotando nuestro vetusto utilitario.... Y también , como no, envidiamos a quién vive sin pegar golpe.
Y entonces reflexiono sobre si hay un tipo de envidia aplicable a cada situación, a cada modus vivendi, a cada cerebro. A cada persona en definitiva.
También me pregunto que hay detrás de un sentimiento de envidia. Simplemente un deseo, un anhelo, o quizás una fustración. Un jodido trauma aún por dilapidar. A veces pienso que la lobotomia debería ser de obligado cumplimiento, como el servicio militar de antaño. Reiniciar el cerebro, centrifugarlo y tenderlo en el patio al sol, como los calzoncillos. Sería la única manera de acabar con este defectillo tan (in)humano.
De momento, y a la espera de la ansiada lobotomia, seguiré envidiando a la vecina del quinto, aquella que cada noche recluta un inquilino distinto, mientras yo, solitario y llorón, me masturbo y ahúllo desconsoladamente.
¡Auhhhhhhhhhhhhhhhhh!

1/09/2005

sOnRiSa dE hIeL

¡Plash!. La oscuridad. Hace ya un buen rato que cesó el tumulto y las gradas han quedado vacías. Sólo permanecen los espectros. Manuel ha apagado los focos que iluminaban la pista y la carpa entera. El circo ha vuelto a las tinieblas y todo lo rodea una realidad fantasmagórica. Los riñones del payaso protestan como elefantes sin “alpiste”. Manuel, el payaso alegre, lleva siete días consecutivos recogiendo los restos de las golosinas que los chiquillos consumen mientras ven el espectáculo. Hoy es su último día y mañana, al fin, podrá descansar. Le sustituirá el malabarista moldavo, el suicida del trapecio, el “sin papeles”.
Sentando en la primera fila puede escuchar su respiración entrecortada, y pensar en el último “show”. Maldice el tiempo que ha dedicado a hacer reír a los demás, olvidándose poco a poco de los suyos. Piensa en como cada día le cuesta más robarle la sonrisa a un niño, también maquillar esa estúpida mueca en su boca.
Afuera, en lo oscuro, le espera su vieja caravana, impregnada de recuerdos. De fotografías y sabores, de telegramas y olores.
Manuel se levanta y sus rodillas crujen, se manifiestan peleonas ante tanto ajetreo. Cierra el portón cabreado y clava la llave en la cerradura mientras se pregunta si los payasos tendrán derecho a pensión por jubilación, no pudiendo evitar una sonora carcajada ante tal ocurrencia.
Al encender el candil una foto de familia en blanco y negro. Una sonrisa no pintada y dos hijos pequeños que ya no le esperan a más de seis mil kilómetros de distancia. Sólo Dios sabe si será abuelo de algún nieto desconocido. Uno de esos niños de rojizos mofletes tocados por la varita de la ilusión, ignorantes de su paradero.
Piensa en la vida como una gran actuación y en su curioso papel mientras despliega el pequeño espejo de tocador. Enciende el fuego para preparar un caldito, y pone en marcha el prehistórico calentador para regalarse una ducha calentita.
Es lento y repetitivo el proceso de desmaquillarse. Primero el blanco que cubre su rostro, luego el rojo de su sonrisa y el intenso carmín de su nariz. Las tres lágrimas negras siempre las deja para el final. Cuesta quitarlas, como el barro de los zapatones.
Detrás de la falsa sonrisa quedan unos rasgos de amargura, un semblante cadavérico y una mirada desgastada pero aún tierna. La piel arrancada a jirones por los leones y el pelo graso que nace de la humedad del camerino.
Después de la ducha y el caldito le invade el cansancio, que desemboca en serena locura.
Manuel lleva casi 20 años sin dormir, teme que le roben la sonrisa los ladrones de la noche, alimañas succionadoras de sueños. Es un payaso loco en el circo abandonado de la desolación. La verborrea ida de los mudos, donde el viento deja de ser viento para convertirse en huracán.
No puede conciliar el sueño y un interrogante golpea incesante su entelequia.
¿Quién le pintara una eterna sonrisa cuando ya no tenga manos y se rompan mil espejos en su sien?


1/07/2005

GRANDES ENIGMAS DE LA HUMANIDAD (VOLUMEN I)

Esta tarde desperté sudoroso de una breve e inmerecida siesta. Entonces entre mil y un pensamientos incoherentes, sopesados y físicamente imposibles, noté que uno sobresalía por encima de los demás. Una pregunta todavía sin respuesta para mi breve cociente, a la que espero que alguno de los presentes o recién ausentes pueda dar posible solución.....


¿PORQUÉ MI MADRE ME PONE LA SOPA SIEMPRE ARDIENDO, POR MÁS QUE LE DIGO QUE ME GUSTA TEMPLADA?

Si hay algún afectado más por este síndrome maquiavélico, ruego se ponga en contacto conmigo con el fin de unirnos contra las madres sin sensibilidad.
¡ No más lenguas achicharradas ni papilas gustativas insensibilizadas!

1/05/2005

EL DICHOSO INSTINTO

¡Somos tontos!. Es ésta una afirmación absurda pero que se me antoja incostentable. Un axioma irrebatible.
Nos diferenciamos de otras especies animales, es cierto, pero por defecto que no por exceso.
Ya que, ¿De qué sirve nuestro instinto animal cuando nuestra vida está en juego?. He aquí la pregunta que aturde mi mente cuando escucho que miles de elefantes han salvado sus vidas gracias al suyo. Ellos huyeron despavoridos preveiendo una catástrofe de grandes dimensiones. Como grandes profetas predijeron que su vida estaría en grave peligro en breves momentos y su instinto animal les salvó de una muerte segura. Ni el mismísimo Nostradamus vamos.
Ahora, visto lo de los lerdos elefantitos me pregunto: ¿ de que sirve el instinto animal de la raza humana?. Yo, personalmente, lo utilizo cuando mis hormonas y efluvios se multiplican y necesito aparearme. Seamos simplistas, yo despliego mi instinto animal follando. Lo de hacer el amor lo dejo para después. Del supuesto raciocinio mejor ni hablemos, ya que mi cabeza es una cocktelera agitada por una mujer. Eso si, solo despues de satisfacer mis instintos más primarios.
¿Pero que es lo que permanece inerte al principio de todas las cosas? El jodido instinto. Es lo que nos mueve, solo que no es productivo, es egosimo disfrazado de pecado carnal, sudor y gemidos. Al final, cuando el instinto expira, queda la tristeza post coitum, el "la quiero o no la quiero". Pero queridos amiguitos, esto no nos va a ayudar a salvar la vida, sino más bien a complicarla. El instinto en el ser humano es principio y fin de las cosas, un círculo vicioso sin final.
No obstante, dado que soy hombre, y por lo tanto primario, comienzo a resignarme a morir en volandas de un huracán, pasto de la lava de un volcán recién erupcionado, o enterrado por una lluvia de barro que me sorprenda sin un bar donde refugiarme. Eso sí, como estoy orgulloso de mi condición plantígrada, rezo a diario por que la muerte me pille follando.
He dicho.

1/01/2005

1 De Enero de 2005

1 de enero de 2005. Desconocía que era posible despertar sin resaca el primer día de cualquier año. Me levanto a las 11:30h. abro la ventana y me invade una gran claridad que me hace sentir demasiado extraño. Me doy una ducha de placer y aprovecho la buenísima mañana para pasear. ¡Pasear un 1 de enero por la mañana!
El aire entra en mis pulmones a grandes bocanadas, y casi sin querer llego hasta el Paseo de la Miranda (también conocido como paseo del colesterol) donde apoyado en la baranda contemplo una gran inmensidad. El día es tan diáfano que incluso veo el mar y pienso en los misterios que de el se desprenden. Pienso en las mareas y la luna llena, en la violencia de las olas, y no me puedo imaginar de ninguna forma la fiereza de un Tsunami que todo lo abarque, hasta llegar a engullirme. Entonces volteo y extremo mis sentidos, ¡hay tanta gente que pasea a mi alrededor! Ellos hablan de casi todo, de un hueso cuya rotura no acaba de cicatrizar, de la mala fe de un encargado, de un familiar recientemente fallecido, de un amigo que les ha fallado, de un determinado equipo de fútbol, del viaje que están preparando para cuando llegue la primavera… Y yo aquí pensando en la inmensidad del mar, en los Tsunamis y en la frialdad humana ya no me acuerdo de cual es la diferencia entre un 1 de enero y un 27 de marzo. Mirando al fondo, hasta donde me alcanza la vista, intento recordar mi pasado y ansiar un futuro pero no puedo. Nuestras vidas no dependen del paso del tiempo, ni de la mala ostia del encargado de una fábrica cualquiera, ni de ese amigo que nos fallo. Simplemente dependen de la fiereza de un Tsunami que nos sorprenda. Me siento una mierda cuando me doy cuenta del mucho tiempo que dedico a pensar banalidades, preocuparme por mi trabajo, pensar en el amor… Puros pensamientos ególatras que todos poseemos, y que ahora ante tanta vida humana maltrecha, ante tantas familias hechas trizas me hacen sentir el más patético de los seres humanos. Alguien más lleno de rabia contenida. Un punto más en el horizonte, disgregado y resquebrajado. Y llego a la conclusión, precipitada o coaccionada tal vez, que es el tiempo el que juega con nosotros, el que nos engaña con estúpidos regalos de bonito envoltorio pero vacío de contenido, como la vida de aquellos que pasean un 1 de enero que podría ser un 27 de marzo, o un 19 de agosto cualquiera por cualquier paseo de la Miranda, en una absurda carrera por ganarle la partida a la muerte con estúpidos planes de futuro. Desde este mirador y apoyado en la barandilla me fijo en esos pequeños detalles en los que normalmente no tengo tiempo para fijarme, cuando me engañan los sentidos. No solo veo el mar, sino también siento el viento en mi cara y la intensidad del frío sol de invierno en toda mi piel. Veo cientos y cientos de coches que no dejan de transitar por la autopista, aviones que aterrizan y despegan de forma incesante del aeropuerto, y me imagino a toda la gente, cada una a lo suyo, ajena a las brutales injusticias, a las enfermedades incurables, a las catástrofes naturales, a la podredumbre de la especie… Gente preocupada simplemente por una gigantesca hipoteca, principio y fin de sus días. Entonces pasa un tren y me da por pensar el porque estoy aquí y no allá, que tendría de malo desaparecer y romper de un hachazo mi vida actual. Me pregunto cuantos trenes habrán pasado desde que nací, cuantos he dejado escapar y cuantos me quedan por perder. Es la cobardía heredada de una vida cómoda, sin alteraciones bruscas. El engaño que nace de la calma chicha También pienso en la gente que se ha parado en este paseo y apoyado en esta barandilla ha tenido alguna cavilación parecida a la mía. Gente que ha desaparecido del mapa, de los cuales nunca más se supo y a casi nadie le importó. Pienso en el equilibrio mental, en que consiste y si alguna vez he estado cerca de alcanzarlo
Me siento en un banco y algunos niños que pasan me miran sorprendidos. No se explican que hace un chaval como yo un uno de enero a las 12 de la mañana sentando en un banco, simplemente pensando y tomando el sol. Pero no tengo tiempo ni valentía para explicárselo y aunque la tuviera no me parece loable la idea de destrozar su bendita ingenuidad.

Pensando todavía en los Tsunamis y el tiempo que pasa embaucador cojo caminito a casa. Me encuentro distinto al tipo que era esta mañana antes de salir de casa. Disfruto de este momento de lucidez que pronto se verá seccionado por la hipoteca que acabo de pedir para poder emanciparme.
De momento disfruto de este 1 de enero en soledad e intento de equilibrio, ¿o era un 27 de marzo?

ECHM