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3/30/2008

Sucede (a menudo)


Sucede a menudo
Que sangro palabras
Que vomito emociones
Viviendo en el trapecio
Como un equilibrista suicida
Que camina por el alambre
Sin más lona que las ilusiones
Que desaparecen, embusteras
Sin más recuerdo que los abrazos
Que aún nos deben, denostados
Sin más ropa que este traje apolillado
Que se consume en el armario, olvidado

Sucede a menudo
Que en vez de caminar buceo
Que dimito de existir
Lamiéndome las heridas
Como un sabueso abandonado
Que husmea en la basura
Sin más hueso que el olvido
Que somete, pernicioso
Sin más refugio que los pensamientos
Que embriagan, embelesadores
Sin más dirección que la madrugada
Que me confunde, impía


Sucede a menudo
Que fenezco y resucito
Que sueño despierto
Que practico el ostracismo
Que cierro los ojos y te veo

Reconstrucción


¿Cuántas etapas de reconstrucción personal hemos pasado? ¿Cuántas más deberán soportar nuestros cansados huesos?

Deluxe, un placer para nuestros oídos. Os lo recomiendo




RECONSTRUCCIÓN (EL MEJOR MOMENTO)


Es el mejor momento,

sentir, cambiar de nombre tantas cosas

y olvidar algunas caras

en el cementerio del pasado.

Es el mejor momento,

reconocer, sentir a veces tanto miedo,

y entender que justamente

ése es el gesto más valiente.

Y aceptar que no todo es tan fácil

y que no siempre los huesos

aguantan el peso,

reconstrucción.

Es el mejor momento,

asumir que toda sabiduría y experiencia

no resisten a veces

la fuerza de algunas corrientes.

Es el mejor momento,

comprender, no poder ganar todas las veces

y entender que esa es la llave

hacia un camino más amable.

Y aceptar que no todo es tan fácil,

y que no siempre los huesos

aguantan el peso,

reconstrucción.

Y aceptar que no siempre es tan fácil,

y que no todos los huesos

aguantan el peso,

aguantan el peso,reconstrucción.



Autor: Xoel López

Disco: Reconstrucción

Año: 2008

3/24/2008

Mundos Paralelos (corazones congelados)


Amanecimos este lunes y una copiosa nevada cubría con su espeso manto todo el paisaje pirenaico, hasta donde llegaba mi vista. Idílico despertar que me complace y me desgarra a la vez. El desayuno precedió a la pertinente guerra de bolas de nieve, retrocediendo unos cuantos años en nuestro calendario vital y sintiendo algo parecido a lo que se siente cuando cualquier época pasada fue mejor.
Después de este obligado impás llega el momento de partir. Una vez más (y no sé cuantas deben ser ya) quedan atrás risas cómplices, noches de platica imposible, placenteros elíxires varios en nuestros paladares, fotogramas polaroid que permanecerán imperecederos en nuestras retinas, silencios no agobiantes y muchas más risas cómplices.
Ya en el coche me entrego a una tristeza permitida. En el reproductor suena Status Quo y mi cabeza se aleja divagante de la realidad. El pensamiento irrefutable de cómo estamos cambiando lenta pero irremisiblemente. Cambiamos trasnochar por madrugar y whiskie barato por Knocando. Épocas pasadas vividas con ansiedad quedan atrás, y aunque se que, con total seguridad, lo mejor de la vida está por venir, me he quedado ahí, aplatanado, pensando en ti, o quizás en la idealización de tu persona. Sentí de nuevo el látigo nostálgico y me gustó. Ahora tengo miedo de navegar de nuevo en tus mares de incomprensión, acabar náufrago de los recuerdos improductivos. Someterme al dolor que tu yo idealizado me produce.
Eres ese maldito círculo vicioso tan adictivo al cual amo y odio por partes iguales. No quiero más dosis en vena pero he vuelto de nuevo al barrio, buscando veneno en tus calles, en tus angostos y obscenos pasajes, en la esquina favorita donde me encontraste por primera vez. Esperando que aparezcas demonio y me vendas clandestinamente un trocito de cielo. Un cielo virtual en un mundo paralelo donde se sueña más que se duerme, donde los corazones se quiebran con una mirada o un gesto. Al mínimo vaivén.

3/18/2008

ARMONIOSA RENDICION


Paseando por el filo
Supe de mi locura infinita
Y ahora que me mecen aguas calmosas
Te hablo del equilibrio irritante
De la coherencia impúdica
Del acto simple más petulante
Antes, cuando era tormenta
Conocía los espasmos y los vuelcos
También las atrocidades del alma
Y ahora que me embelesan los minutos
Te hablo del poeta domado
Del arrullo de la sangre anestesiada
Y esculpiendo corazones rotos
Escribí los versos quebrados de mi vida
Hoy, más locuaz y menos trágico
Te hablo del sopor celebrado
De la insípida rutina vital que adormece
De una meritoria armonía amniótica
Y rasgándome las vestiduras
Conocí a un Lucifer con guantes de seda
Violando a los demonios, petulantes y rabiosos
Derrotando a los espectros de la noche
Mas ahora que me patea la nada
Hay días que lloro y me rebeló
Contra esta decadencia inocua
Que brota del aburrimiento venenoso
Y paseando por el filo
Supe de mi locura infinita
Y ahora que emano cordura
Te hablo de la decadencia inyectada
De la mustia sucesión de los días
Del lánguido morir de mis anhelos

FABULA DEL CAZADOR CAZADO


Andaba Matusalén leyendo a Pessoa ávidamente cuando el repiqueteo de la puerta perturbó tan idílico momento.

- Toc toc toc…..toc- ¿Quién molesta? No deseo más infusiones, madre. Además se fehacientemente que diluís la droga mezclando las hierbas para confundirme.

- No soy tu madre idiota. Soy yo otra vez

- Oh perdón! No la había reconocido y la confundí con mi infecta madre. Que voz más ronca y desgastada que tiene, esos carajillos de orujo van a acabar con usted. Puede pasar, pero deje la guadaña apoyada en el bargueño, que no sabe como intimida usted arma en mano

La puerta se entreabrió y la señora muerte, ojerosa y sensiblemente mosqueada, penetró en el habitáculo plantándose amenazante delante del enfermo. Éste entonces, viendo el cariz que tomaban los acontecimientos, se incorporó rápidamente, se desposeyó de sus lentes y frunciendo el entrecejo le ofreció la mejor de sus sonrisas.

- Bueno, ¿y a qué se debe el honor de esta visita tan repentina e inesperada? – preguntó sarcástico pero atemorizado Matusalén-

- Bien lo sabes, carcamal –respondió la muerte visiblemente alterada- Es la cuarta vez que te visito este año, y en esta ocasión va a ser la definitiva. Vengo decidida a llevarte conmigo sin remisión ni demora

Dignamente la señora se bajó la capucha y su pálida tez iluminó el chiribitil. El sudor le caía a mares por la frente –pues son sobradamente conocidos los ardorosos agostos de Palacios del Sil por las escabechinas que provocan entre los ancianos y la gente de mal vivir- y se lo secó con un pañuelo de seda que le había birlado a Maria Antonieta antes de repatriarla para el otro mundo. Lentamente se sentó a los píes de la cama del paciente y le miró fijamente con sus gélidas pupilas inertes.

- Es la cuarta vez que te visito este año. ¡Nunca nadie se me había resistido tanto! – protestó contrariada la muerte-- Si, lo sé, mas bien sabe que nunca ha tenido motivos de peso para llevárseme con usted – argumentó pensativo Matusalén mientras se rascaba la tupida barba blanca - Si acaso algún constipado mal curado y poco más se debe mencionar….

- Ja ja ja. –carcajeó la triste dama castañeando los dientes y sosteniéndoselos con la zarpa-. ¿Motivos de peso me pides?. – y sacando un bloc de notas de entre sus andrajos comenzó a leer- En febrero agarraste una tuberculosis que te dejo tísico y deforme, mas me dio tremenda pena tu aspecto y aunque mala de remate imperan en mi determinados valores morales que me impiden actuar arbitrariamente. Decidí por eso aplazar tu muerte para otro momento menos prosaico. Mas en abril contrajiste sífilis por las mujeres de moral algo distraída y de dudosa catadura que frecuentas. Fueron tus argumentos lo único que impidieron entonces que te arrancara la vida. “Que manera más patética e indigna de abandonar este mundo” dijiste, y una, que aunque muerta tiene su corazoncito, decidió darte otra oportunidad. Y por último fue en vísperas de Cuaresma, cuando ebrio como una cuba, se te vio toreando carromatos a intempestivas horas de la madrugada, acabando tus huesos en el duro adoquinado debido a la embestida de un caballo enfurecido por tu osadía pueril. Ya ves, fue entonces el destino el que se alió de tu parte. Eso y que me encontraba en la Guerra de Secesión poniéndome las botas con los que palmaban con las botas puestas -riéndose ante tal sutil ocurrencia-. Pero ahora ya no hay excusa posible, estás viejo y arrugado como una pasa, tu color de piel es parecido al ricino y tus decrépitos huesos crujen como astillas en las brasas. ¡Estas cirrótico y apestas a absenta rancia! Nada puede salvarte esta vez del juicio sumadísimo. - Ya –respondió Matusalén- visiblemente afectado por la retahíla de improperios que había tenido que soportar estoicamente

- Tienes tanta razón en juzgarme por los actos impúdicos que he cometido. Pero seguro que tu tampoco fuiste un ejemplo para la humanidad en vida...

Fue entonces cuando Matusalén extrajo la petaca adquirida en los suburbios de Moscou de debajo de la almohada, acercándola a sus labios cangrenados por la ausencia de defensas en su organismo. Acto seguido le ofreció el néctar a la Doña, que lo rehusó de inmediato.

- Nunca bebo cuando estoy trabajando -espetó ofendida nuestra macabra protagonista- Pero cuando acabe contigo habré finiquitado la jornada por hoy y podré saciar mi sed y mis ansias de lujuria, que una, aunque muerta también tiene afinada la lívido. Además estamos en verano y sólo trabajo de ocho a tres. Los tiempos han cambiado hasta para estos menesteres tan desagradables.

- Tienes razón. No soy digno de seguir viviendo, llévame contigo pues –masculló Matusalén resignado-

La muerte le agarró del brazo y acto seguido Matusalén notó como la vida se le escapaba por momentos. Ella se la estaba robando lentamente cuando una fuerte punzada se instaló en su plexo solar. En las pupilas de la dama vio las primeras travesuras de su infancia, el primer y mágico beso que emana de la flor de la adolescencia y así todos y cada uno de los actos más significativos de su existencia. Luego sobrevino el rigor mortis y acto seguido el vacío absoluto.La muerte, satisfecha del trabajo bien hecho, agarró con su zarpa derecha la petaca de platino y la acercó lentamente a su huesuda boca.

En el funeral la mamá de Matusalén llora ante el cadáver de su hijo, desolada por el dolor que solo se puede sentir con la muerte de alguien que ha germinado en tu interior.

Cuando el cura arroja la última paletada de tierra emprende pausadamente el camino a casa bajo una tenue lluvia, y comienza a reflexionar. Recuerda que su hijo esperaba visita el fatídico día, “una vieja amistad” le dijo sonriendo sarcástico.

Lo que nunca se pudo explicar es porque apareció esa petaca rellena de salfumán encima de una montaña de huesos y polvo. Eso y lo que Matusalén pidió que escribieran en su epitafio: “MUERO MATANDO”.

HERMANA AMNESIA


Hermana amnesia

Te invoco esta fría mañana

Elocuente fruto perseguido eres

Del que borra pisadas en la arena

Hermana amnesia

Llévame lejos de este laberinto

De ilusiones y recuerdos machados

En los días de una felicidad extrañada

Hermana amnesia

Atácame impiadosa y letal

Y entierra este desnivelado duelo

De venas sucias y lágrimas de polaroid

Hermana amnesia

¿No ves que te quise tanto?

Que los néctares mortales

Ya no sacian mi pesar

Que te has quedado prendada

De un silencio, una mirada

Enquistada en mi pulmón

Dejándome sin resuello

Sumido en un stand by

Sin reset ni solución

Hermana amnesia

Te seduzco engalanado

En esta cena para dos

Sáciame de los recuerdos

Y llévalos sin remisión

¿No ves que los quise tanto?

Que han quedado anquilosados

Pululando perturbados

Por mi cerebro, enredados

Sin hueso ni frustración

Hermana amnesia

Utiliza tus argucias

Embelesa mis sentidos

Y finiquita mi dolor

LINEA 5







Fue un amor efímero, como un cigarrillo que se consume en unos labios viciados de nicotina. Ella se subió en Sagrada Familia, Línea 5, yo me apeé en Badal. Fueron siete paradas y diez minutos y medio de amor en plenitud.
Tenía la tez morena y una larga melena ondulada moldeada por espuma fijadora. Probablemente se llamaba Silvia, digamos que era así. El vagón estaba a tutiplé y entre Silvia y yo no habría menos de doce o trece personas, incluyendo tres paquistaníes, dos adolescentes ecuatorianos, una familia oriental al completo y un marroquí desarrapado. Su mirada era encantadora y misteriosa a la vez. Aquellas pupilas grandes y oscuras se clavaron como dos yagas envenenadas en mis retinas, y quedé sumido en un letargo eterno que duró diez minutos y medio.
Era mi historia de amor, intensa y cierta, plena de sentimientos y sensaciones a flor de piel. Como el sueño de una noche de verano, donde visitamos países exóticos, compartimos un sinfín de rojizos crepúsculos y de noches de escandaloso amor, desparramando besos y sentidas caricias por avenidas y plazas, hasta rozar con la yema de los dedos la panacea de la perseguida felicidad.
Cuando nos interrumpió la maldita voz en off del metro que farfulló aquello de “Propera parada Badal” nuestro amor era tan intenso que parecía que llevásemos toda una vida juntos.
Y aquella tarde aprendí que el amor no se mide por el tiempo ni por los recuerdos, que sólo es un fugaz pero intenso viento frío que nos pega en la cara dejándonos para siempre una gran muesca en el alma.
No dejé de mirar a Silvia hasta que perdí por completo de vista el último vagón, y en la soledad del andén, y en la quietud de las cosas que me rodeaban, sentí una sensación de ahogo en el pecho que sólo sació un llanto desesperado.
Una vez acumulé fuerzas suficientes me dirigí lentamente y arrastrando los píes hacia la salida. Toda mi ropa olía a ella, a su embriagador perfume, atesorando el sabor perpetuo de sus besos en el paladar. Vencido por el cansancio Morfeo me engañó más de una luna y desperté de otro sueño que aunque no fue tan bonito si que fue reparador.
Ahora vuelvo a estar preparado para nuevas aventuras, si me queréis encontrar buscadme en la Línea 5, entre Badal y Sagrada Familia (o viceversa).

MONTAÑAS RUSAS


Disculpen mi tristeza cuando escribo que es casi todo en mi devenir como una montaña rusa, subir, bajar, voltear,……
Los días se suceden concatenadamente y mientras decido si prefiero sobrevivir o morir un rato mi existencia va transcurriendo sin remisión ni éxtasis sentimental.
Se trata en conjunto de los momentos en los que vivo, en éstos que me defiendo como gato panza arriba mientas no encuentro un alma que me desvele, mientras suceden las carcajadas en medio de un blues desgarrado que me recuerda que no puedo escapar de mi condición romántica.
No es un romanticismo entendido literalmente, no es el romanticismo socialmente establecido, sino que más bien se trata de un romanticismo que abarca toda una forma de pensar, de “entender” el mundo, de compartir emociones y arrimar el hombro solidariamente.
Este romanticismo abarca también la concepción del amor, como no, el estado natural del ser humano es estar enamorado, principio y final de nuestra existencia, motor de ésta y precursora de que todos nos levantemos a diario y no estampemos el maldito despertado impúdico contra la pared más próxima.
Hace tiempo que no me enamoro generosamente y reconozco que en ciertos momentos me embarga el más cruel de los cinismos, una profunda ironía que nace de la experiencia mal encarada, de la derrota hiriente que deja marcas en la piel y profundos surcos en el alma. Es entonces cuando me jacto de un cierto desprecio patético hacia lo que me rodea, no es más que un triste mecanismo de defensa que yo mismo he creado y que en ocasiones incluso se apodera de mi mente de forma fehaciente y compulsiva. Pero es real y da miedo. Mucho miedo. Pese a todo reconozco que espero abiertamente, desde lo más profundo de mi ser, algo que me saque del ostracismo patético en el que navego. Soy sustancialmente feliz, no lo niego, pero lo que arde en mi interior es lo que impulsa que me ponga escribir a estas intespectivas horas de la noche, sin aspavientos más propios del diario de Patricia claro, sino más bien a mi estilo.¿Como explicar entonces que cada día me cuesta más pintarme la sonrisa?, ¿como convencerte que sigo esperando el billete definitivo para subir a la montaña rusa más divertida, emocionante y sobrecogedora?.
Desgraciadamente, mientras esto no suceda, es probable que siga despilfarrando tiempo y energía en quimeras estériles que provocan mi auto desprecio en un cualquier día después.
Lo dicho anteriormente, Disculpen mi tristeza desvelada.

ZOZOBRANDO


Es sábado y no me apetece jugar a la lascivia y al vicio. No me apetece azotar las neuronas con líquidos amnióticos de variados coloridos, ni hay cabida esta noche para el oscuro deseo ancestral que emana de los bajos instintos que a menudo me ningunean y me rebajan hasta ser pisoteado por las serpenteantes lombrices nocturnas.
Me paseo por el piso derrotado y arrastrando los pies, buscando la losa correcta donde desplomarme consumido en los brazos de Morfeo. Ansiando un metro cuadrado virgen donde al fin descansar de cuerpo y espíritu.
En el reproductor suena Sabina y vuelvo a dejar volar la imaginación a mundos inhóspitos y lejanos donde me reinvento y abrazó la ilusión que esta noche noto como se escapa sudorosa por todos y cada uno de los poros de mi piel.
Son largas las noches sin amor, sin mentiras piadosas que embelesen mis sentidos, anestesiándolos hasta que sometidos y cautivos caen un pesado sueño aletargado en el cual me zambullo apresuradamente. Y es que me hacías sentir como un pez en el agua, chapoteando con mi aleta dorsal y burbujeando juguetón mil y una historias de búsquedas de corales paradisíacos, tan lejos de la urbanización marina que me empapa actualmente y me somete en esta pecera de hormigones y paredes blancas.
Melancólicamente hablando soy ochenta por ciento sentimiento y veinte por ciento rencor. No hay cabida en mis recuerdos para sonrisas y dicha, nunca la hubo, aunque he de reconocer que me encantaría cerrar los ojos, apretarlos fuerte y atisbar una amplia sonrisa en mi faz, de oreja a oreja. Pero no es mi condición la nacida del positivismo irracional, sino todo lo contrario, y el empirismo que me adoctrina y me golpea por partes iguales me enseña a diario que en los cuentos de príncipes la princesa siempre se fuga ignominiosamente del castillo con el estirado y presuntuoso caballero de reluciente armadura y opacos pensamientos.
No puedo luchar contra tantos enemigos invisibles, ni siquiera alcanzo a hacerlo contra mi mismo, fin y principio de mis tan humanas limitaciones. Puede que ni siquiera me interese hacerlo y prefiera aletear resabiado, saboreando el pensamiento que es sentirse erróneamente singular y diferente. Hasta que se produzca el previsible naufragio vital, punto de partida perpetuo desde donde pueda resurgir de mis cenizas, como el ave Fénix.
Y maldigo la suerte que empapa mis rincones y los deja temblorosos y dubitativos, resurgiendo poderosos los siete pecados capitalinos, fuego interior que embriagador me permuta al odio y a la envidia del pusilánime usurero de almas y espíritus en constante zozobra.
Quiero descansar entre algodones este sábado. Que no me atormenten las dudas existenciales, que no suspire por tiempos pasados distorsionados por falsos Mesías, vendedores de humo y de días de vino y rosas, que envalentonan mi fugaz mente perturbándola de forma artificiosa e inmoral. Solo quiero soñar que el sueño no tiene fin, soñar que aún sueñas conmigo allí, desde algún cualquier lugar inventado.
Felices sueños etéreos e inocuos. Mañana más sopapos de realidad.