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8/07/2005

Raspas

Buscando en el cubo de basura te encontré. Tenías apenas veinte años y la mirada perdida, buceabas en una realidad paralela. Yo estaba borracho, totalmente bebido, y carente de sentimiento me enfrenté a ti. Cuando la raspa de aquel pescado que arrojaste se estrello contra mi pecho supe de tus miserias, todas tus desgracias se desparramaron por el suelo, entre compresas usadas, huesos de aceituna, fotografías rotas y por supuesto, raspas de pescado, infinidad de raspas.
Supe entonces de tus amores desgraciados, de cuando te rompieron el brazo, del día que tus padres te echaron de casa al encontrar aquellas pastillas de colores tan raras. Conocí a través de las raspas todas y cada una de tus lágrimas, como se estrellaron en el suelo y como derritieron el hielo que viste tus entrañas, comiéndoselas, merendándoselas sin piedad ni recato.
Contemplando tus miserias, tus primerizas arrugas, me encontré a tu lado, sumergido en el cubo de basura, buscando allí lo que la vida te había negado durante todos estos años. Fue entonces cuando encontré un corazón de trapo rezurcido y de pálido color. Lo miré y decidí darle un zurcido más, para después pintarlo de ilusión y regalártelo.
Desde entonces compartimos raspas, todas las raspas son para nosotros, ellas nos alimentan, se alojan allí, entre nuestros corazones rezurciditos pero contentos de saber que todos los días reciben su ración diaria, ni mucho ni poco.
Y rezo todos los días para que nunca se acaben esas raspas que entrelazan nuestros pechos. Aunque se que siempre llega el día en que una se te atraganta, pierdes la respiración y te pones morado. Para cuando eso ocurra lo tengo todo previsto. Comeremos carne.
ECHM