Páginas vistas en total

3/18/2007

Lapsus


- Déjame entrar
- No sin su consentimiento
- Pero no puede hablar, él es tan tímido...
- Es tu corazón. Si el no lo aprueba no pasarás

Y así fue como una vez más me ganaste la partida, con un golpe bajo y certero, donde más duele. Te odio corazón en llamas.

3/11/2007

CARITA DE PENA

CARITA DE PENA
CARLOS CHAOUEN


He tratado de ser justo con quien me tiende miradas,
he invertido en la balanza del desprecio y del dolor,
han puesto precio a los enigmas que te cuento tras las barras
para defender el sol,
he paseado en horas muertas por las calles de tus caderas
sin que me viera el amor.
Todos los caminos llevan a roma,
pero pasan por tu casa.
Todos los colores suenan a broma,
pero no me da la gana.
De ser el que me pierde la cabeza
de dormir en portales de madera
de hacer caso al deseo imposible
de tener mi cuerpo en tu cielo
y los pies en la tierra, los pies en la tierra.
Prefiero un beso de muerte,
o una mirada en la vena
a un estado de cuerpo presente
y carita de pena.
Tengo huellas en los ojos de algún país vecino,
me he inventado una noria por quitarme gravedad,
he matado algunas moscas para sentirme asesino,
no por ganas de matar.
He arrancado de dos flores dos pistillos
que sin nombre han querido cohabitar.
Todos los caminos llevan a Roma,
pero pasan por tu boca
las medias naranjas tienen su historia
pero no se exprimen solas.
En la génesis de la tristeza,
no hay corazón ni condena,
que si estás me vale cualquiera
y sino me fumo cual Cristo una cruz de madera,
una cruz de madera.
Prefiero un beso de muerte,
o una mirada en la vena
a un estado de cuerpo presente y carita de pena.
De ser el que pierde la cabeza
de dormir en portales de madera
de hacer caso al deseo imposible
de tener mi cuerpo en tu cielo
y los pies en la tierra, los pies en la tierra.
En la génesis de la tristeza,
no hay corazón ni condena
que si estás, me vale cualquiera,
y sino me fumo cual Cristo una cruz de madera, una cruz de madera.
Prefiero un beso de muerte,
o una mirada en la vena
a un estado de cuerpo presente y carita de pena.


IN-SU-PE-RA-BLE

No sabes cuánto te he querido

No sabes cuánto te he querido
Paco Bello


No sabes cuánto te he querido,
olvidarte es saber que no hay forma,
ahora tengo que aprender a desnombrarte,
con los ojos más que con la boca.
Sigues siendo la dueña del gigante
que se esconde en mi silencio
Has cambiado mi forma de mirar,
has cambiado el sentido de las calles
Caminar sin ti, no es del todo andar
has llenado los semáforos de sangre,
No me morire, pero ya verás,
como no sabré esquivar los vientos que te nombran
No me cansaré, de pensar que estás,
a mi lado pero no como una sombra.
Y no sabes, que aún cocino para ti,
y no sabes, que dibujo tu perfil con las frases,
que hace tiempo te escribí.
Con las frases, que ahora estallan junto a mi
Y no sabes, que no debes sonreir,
no me abraces, que no sabré salir de los besos,
que de pronto no me das,
de este fuego que me alumbra,
cuando no estás
Has cambiado mi forma de mirar,
has cambiado el sentido de las calles
Caminar sin ti, no es del todo andar
has llenado los semáforos de sangre,
No me morire, pero ya verás,
como no sabré esquivar los vientos que te nombran
No me cansaré, de pensar
que estás, a mi lado pero no como una sombra

Mayo de 2002

Eran las fiestas de su barrio Mayo del 2002,
noches como esas se merecen su canción. -
"¿Tienes un cigarro?" -
"¿Que me das a cambio?,y se pide por favor" -
"Yo te doy el mundo a largo plazo. Y a corto un trago de ron”
Y entonces se rió, se rió…
Después de mil copas y mil historias,
vimos parque sur desde la noria,
los coches de choque volaban por el cielo,
su pelo era un castillo flotando,
y el viento, empujando los barcos pirata
fue llevándose la madrugada
y en un 206 recibimos con honores la mañana.
Escribimos la historia en el vaho de las ventanas,
el condón de mi cartera se durmió en su falda
Así acabó lo que empezaba y yo...
Descubrí, que vivir es ganarle batallas a la soledad.
Esta canción no habla de amor,
ella estaba tan sola como yo,
ella estaba tan sola como yo, tan sola como yo…
Después de dos años ayer en su barrio de nuevo me la encontré.
Iba de la mano de un tío, y mi novia me preguntó
-"¿esa quien es?” -
"La verdad no recuerdo la conozco pero ya no se de qué.
Vámonos a casa". Tú estabas cansada
-"y mira ya la hora que es… las 5 menos diez, menos diez…"
Esa noche en la cama dormí tan despierto,
soñando que algunos momentos
son historias de un día
con destino a la melancolía,
historias que acaban en simples recuerdos.
Aunque os juro que aquello no lo cambio por lo que ahora tengo.
Pero os voy a contar un secreto,
las dos se merecían esta canción una por una noche,
otra por un millón
Así acabó lo que empezaba y yo...
Descubrí, que vivir es ganarle batallas a la soledad.
Esta canción no habla de amor,
ella estaba tan sola como yo,
ella estaba tan sola como yo, tan sola que...
Descubrí, que vivir es ganarle batallas a la soledad.
Esta canción si habla de amor,
ellas estaban tan sola como yo,
ellas estaban tan sola como yo, tan sola que...
Eran las fiestas de su barrio, Mayo del 2002.
Noches como esas se merecen su canción



Es hermosa.......

Instrucciones para salvar el odio eternamente


Instrucciones para salvar el odio eternamente


Si ella se va no la perdones.
Si te deja cultiva bien tu odio.
Nunca seas generoso en olvido, si ella se va.
Si te deja no digas adiós
o "Qué vamos a hacerle",
no pidas perdón.
No repases vuestras fotos y,
mirándole a los ojos,
regálale eterno tu odio.
Si ella se va no trates nunca de entenderla.
Maldice sus pasos.
Nunca creas sus despedidas,
sus promesas, su explicación.
Y provoca llanto y dolor,
que queme su conciencia como el sol,
que el adiós le corte como una cuchilla.
No te confundas, ella es la asesina.
Porque cuando ella se va alguien la esperará en la esquina.
En otros brazos reirá con otras mentiras, dirá
"Te amo, cuanto tiempo te he estado esperando".
Y te olvidará, todo habrá muerto,
y aquel otoño nunca habrá sido vuestro.
Para qué mentir, que ella se lleve,
aunque dure poco, tu odio para siempre.




No se si es de Ismael Serrano, la leí y me hizo pensar en el inevitable rencor que surge de todos nosotros cuando las cosas no continúan siendo lo que fueron. Quizás esta canción exagere ese sentimiento de odio forzoso, pero no voy a negar que al menos sea discutible que posea algo de razón.

3/08/2007

No va más


Eran los últimos 500 pesos de los que disponía y estaba decidido a jugárselos al siete rojo. El azar le había dejado de lado súbita y cruelmente, las mujeres ya le defenestraron hace tiempo. Aproximó la copa de Chivas a su boca y se mojó los labios, advirtiendo como una gélida gota de sudor se deslizaba por la frente hasta suicidarse en su mejilla, enrojecida por el calor y el exceso de alcohol. Mientras tanto el indígena crupier anunciaba con la mano alzada que los jugadores debían darse prisa en apostar. El tejano tahúr acercó su mano temblorosa al siete rojo y colocó las últimas fichas que sangraron de su raído bolsillo izquierdo en el tapiz. La suerte estaba echada una vez más.
El crupier exclamó “no va más” y la ruleta comenzó a girar impetuosa. Mientras ésta volteaba los ojos huecos del tahúr recordaron a Raissa como un fugaz relámpago en su mente, inmortalizó los amaneceres legañosos abrazados y los atardeceres fogosos fundidos, cuando el sol caía y su rojez parecía indicar el inicio de la lascivia.
La ruleta fue disminuyendo en velocidad de forma progresiva, mientras el tahúr, latente y extasiado, perseguía la bolita con la mirada. Finalmente ésta frenó y tras varios amagos y devaneos juguetones la pelotita fue a caer en el número siete. El tahúr suspiró aliviado y se desanudó la corbata opresora mientras apuraba el último suspiro del whiskie, ya sin hielo. Ipso facto sus rodillas dejaron de temblar caprichosas y su corazón dejó de protestar por el sobreesfuerzo realizado en decretazo. Por una vez la suerte estaba de su lado.
Fue entonces fue cuando el crupier vociferó “siete rojo, gana la banca” y nuestro compungido tahúr comprendió que esos atardeceres con Raissa no eran tan endiabladamente rojos ni los amaneceres tan extremadamente azules. Y es que en ocasiones la buena suerte y el daltonismo no son compatibles, y la imaginación desbordante, casi siempre tan útil, puntualmente también nos juega malas pasadas.

3/04/2007

La zanahoria del burro



El despertador cumplió su función y súbitamente note que mis músculos respondían como nunca antes lo habían hecho a las siete de la mañana. Mis ojos despoblados de legañas y mi lengua carente de esa sensación desagradable parecida a comerse una alfombra a pedacitos me hicieron dudar de que realmente fuera esa hora. Me levanté como un resorte y lúcido como estaba me di una ducha fría, no con la finalidad de desentumecer sino con la de reconfortar y regocijar el alma. No entraba nada de frío por el ventanal ni el vaho se había acumulado en el habitáculo, y recordando lo fastidioso de peinarse con el espejo empañado sonreí encantado. Ipso facto me vestí con ímpetu y admiré lo bien que le quedaba a mi talladito cuerpecito esos pantalones de lino planchados a conciencia, para posteriormente zambullirme en la que hasta aquel día había sido una cruenta lucha con mi cabellera, repleta de remolinos y más enmarañada que la Ronda de Dalt en los días de partido. El cepillo atravesó nítidamente por el pelo y las puntas antaño abiertas parecían renacer con la firmeza y el resplandor del Ave Fénix.
La cafetera me advirtió que el tiempo de vanagloriarse había terminado y me dispuse a saborear el néctar descubriendo que por un día su temperatura era la adecuada para no dejar estigmas en mi garganta ni martirizar mis labios.
En la calle la climatología era la perfecta y una brisa reconfortante me produjo un escalofrío similar al que se produce en el momento del orgasmo, cuando los dos cuerpos se estremecen a la par tensándose los músculos jadeantes. El coche arrancó a la primera y la puerta del garaje no se hizo de rogar como era norma habitual, amén del dichoso mando a distancia adquirido en la tienda oriental de la esquina colindante a mi casa. Los semáforos en verde y los conductores permisivos y obedientes al código de circulación me trasladaban a un mundo irreal y onírico, donde los peatones cruzaban por los pasos de cebra y las motocicletas no serpenteaban entre los vehículos como los borrachos a las cinco de la mañana. La autopista, sorprendentemente sin las habituales retenciones, me condujo a mi lugar de trabajo sin tener que utilizar las marchas cortas, mientras que la aguja del depósito de la gasolina se mantenía erecta señalando el punto más álgido de la rueda circuncidante
Ya en la empresa saludé a todo el mundo con gran efusividad y no con la desgana que en mi era habitual, dirigiéndome a la oficina sin arrastrar los píes por el pavimento ni con los ojos más pegados que un carterista cuando se arrima a su víctima en la hora punta del metro. A su llegada el jefe me saludó con un “buenos días” sincero y me preguntó complacido por el fin de semana. No dando crédito lo que estaban viendo mis ojos me pellizqué y note que mi piel no sufría las afrentas físicas, golpeando entonces con insistencia mi cabeza contra la pared mas próxima, comprobando impertérrito que no brotaba sangre ni emergía chichón alguno.
Pasaron las horas de manera placentera, y hasta el menú del día del restaurante colindante que habitualmente me parecía nefasto me supo a manjar de Dioses. La jornada laboral, liviana y dócil, pronto llego a su fin.
Cuando llegué a casa tú estabas esperándome y me recibiste con un cálido beso que me estremeció de la cabeza a los pies. Sólo entonces supe en que medida mi felicidad depende de un beso, en igual proporción que el burro depende de la zanahoria que nunca logra alcanzar.
Y es que todo es un simulacro, formas de pasar el rato.