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3/06/2005

EQUILIBRISTAS

Éste invierno que no acaba, éste minuto eterno, esa palabra que se quedó entre el corazón y la boca, las cosas que nunca te dije, las cosas que nunca debí decir, una mirada cándida, una imagen en tu retina, un momento de felicidad, empatía, rencor, desamor, placer y odio.
Estoy paseando por esta cuerda endeble a veinte metros de altura, voy con los ojos vendados y llevo el corazón en la mano derecha. Gotea sangre y lágrimas, huele a rancio sudor. Me encuentro con un negro que está lavando su coche mientras la radio canta. El también canta. “sorpresas te da la vida, la vida te da sorpresas”, me paro y le observo detenidamente, es feliz, o al menos eso aparenta. Yo lo soy si él lo es, sonrío y me largo, pero mis pasos son más rápidos y grandes. Mi corazón ya gotea menos sangre.
Éste verano que no llega, esa cena que nunca te preparé, el viaje de mi vida, la teoría del capricho Vs. el amor de tu vida, un viaje a ningún lugar, el pasado, la realidad, los nervios, un abrazo eterno, una parada cardiovascular, el principio del fin, el fin del principio, el reencuentro, nuestro desencuentro, las migrañas del alma, la carta extraviada, el puto destino que no asoma sus pinrreles, un cuadro sin terminar, el llanto Vs. la sonora carcajada, la impotencia del perdedor, éste hacerse mayor sin motivo, la decadencia, el vicio Vs. La inocencia, lo que se quedó atascado entre el corazón, mi boca y tus oídos, nunca llegó al tuyo (a tu corazón).
Estoy paseando por esta vereda tranquila, me estiro en la hierba, cierro los ojos y escucho el murmullo del río, un cervatillo se acerca elegante y me dice “guapo”. Yo le miro y le doy las gracias, “tu si que eres guapo”, pienso mientras le acaricio el lomo. Quiero ser cervatillo para mirarme en el río y verme allí reflejado. No quiero ser más ser humano, no quiero darme cuenta de cuanto viejo me hago, ni de mis errores ni de mis defectos, sólo quiero poder ser sincero, no morderme la lengua, no tener que olvidarte porque ya te olvidé. Necesito fe en mí para alejarme, para acercarme y alejarme. Y no tener que disimular, ¿hay algo peor que disimular? Si, lo hay, y se llama orgullo, pero lo estoy disimulando. Mi corazón es un órgano espumoso, un músculo sano que bombea sangre por doquier.
Ésta primavera asmática, el champú de caramelo que cubre tu piel, las emociones, la distancia, el olvido, los lamentos, las pataletas, un si quiero estrellado, los dioses a los que un día me aferre, la sucia mentira que desprendí, la imagen distorsionada, las canas del corazón, la alopecia espiritual, el genio de la lámpara evaporado, la casualidad y la causalidad, tus restos y los míos, los de los dos.
Estoy en este lecho de rosas en el centro del huracán, tú estás a mi lado, y ya no me callo. Te lo digo todo, lo bueno y lo malo, el ying y el yang, Me matas, me quieres, me matas y me quieres. Ésta pura contradicción, el calor que desprendes, un susurro en mi interior, la ola que rompe en mi cuerpo y me empapa todos los rincones, la lluvia que deserta de mis ojos para caer muerta en los tuyos.
Ahora tengo un corazón en rebajas, un saldo agotado que ha dejado de sangrar, que bombea despacito pero seguro, hasta saciar todos los rincones de mí. Espero algún día llegar también a tus esquinas. El precio es la vida, toda o la parte que acordemos, el precio eres tu.
Como un equilibrista del amor.

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