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10/24/2004

APOSTANDO FUERTE

- ¡Te vendo mi alma! – espetó convencidísimo-, te vendo mi alma por un te caliente.
El diablo restaba incrédulo ante tan ridícula transacción. Se enjugó el sudor frío y encendió un pitillo
- Quiero probar el te del diablo. ¡Quédate con mi alma!
El tahúr lucia larga y tupida barba blanca y portaba, como único equipaje, una ajada túnica blanca desgastada por los siglos de trasiego.
- Es mi última oferta. Mi alma y la de mis pupilos por un té caliente. ¿Firmarás?
Fue entonces cuando Belcebú se levantó, apuro el cigarrillo y con el rabo entre las piernas se evaporó en su propio humo.
Siempre le asustaron los monopolios.


Relato parido bajo los efectos del gelocatil.
ECHM

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