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3/18/2008

MONTAÑAS RUSAS


Disculpen mi tristeza cuando escribo que es casi todo en mi devenir como una montaña rusa, subir, bajar, voltear,……
Los días se suceden concatenadamente y mientras decido si prefiero sobrevivir o morir un rato mi existencia va transcurriendo sin remisión ni éxtasis sentimental.
Se trata en conjunto de los momentos en los que vivo, en éstos que me defiendo como gato panza arriba mientas no encuentro un alma que me desvele, mientras suceden las carcajadas en medio de un blues desgarrado que me recuerda que no puedo escapar de mi condición romántica.
No es un romanticismo entendido literalmente, no es el romanticismo socialmente establecido, sino que más bien se trata de un romanticismo que abarca toda una forma de pensar, de “entender” el mundo, de compartir emociones y arrimar el hombro solidariamente.
Este romanticismo abarca también la concepción del amor, como no, el estado natural del ser humano es estar enamorado, principio y final de nuestra existencia, motor de ésta y precursora de que todos nos levantemos a diario y no estampemos el maldito despertado impúdico contra la pared más próxima.
Hace tiempo que no me enamoro generosamente y reconozco que en ciertos momentos me embarga el más cruel de los cinismos, una profunda ironía que nace de la experiencia mal encarada, de la derrota hiriente que deja marcas en la piel y profundos surcos en el alma. Es entonces cuando me jacto de un cierto desprecio patético hacia lo que me rodea, no es más que un triste mecanismo de defensa que yo mismo he creado y que en ocasiones incluso se apodera de mi mente de forma fehaciente y compulsiva. Pero es real y da miedo. Mucho miedo. Pese a todo reconozco que espero abiertamente, desde lo más profundo de mi ser, algo que me saque del ostracismo patético en el que navego. Soy sustancialmente feliz, no lo niego, pero lo que arde en mi interior es lo que impulsa que me ponga escribir a estas intespectivas horas de la noche, sin aspavientos más propios del diario de Patricia claro, sino más bien a mi estilo.¿Como explicar entonces que cada día me cuesta más pintarme la sonrisa?, ¿como convencerte que sigo esperando el billete definitivo para subir a la montaña rusa más divertida, emocionante y sobrecogedora?.
Desgraciadamente, mientras esto no suceda, es probable que siga despilfarrando tiempo y energía en quimeras estériles que provocan mi auto desprecio en un cualquier día después.
Lo dicho anteriormente, Disculpen mi tristeza desvelada.

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