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7/02/2006

Animal de Costumbres

Soy un animal de costumbres. Buenas, malas y regulares. En ocasiones afloran mis debilidades y no puedo controlar los excesos, es entonces, solo cuando los bares se convierten en alojamiento puntual de mi alma, cuando busco el consuelo en un combinado de White Label con naranja, luego en otro, y asi sucesivamente me teletransporto a una realidad paralela donde me siento momentaneamente cómodo zambulléndome en un mar de mierda, de amasijos resquebrejados de un pasado mal cosido, de los retazos del subsconsciente que de repente pasan a un primer plano y se convierten en una dóctrina a obedecer a pies juntillas. Y me pierdo entre excesos, todo es desmesura y nada tiene la importancia que se le dió en otro momento menos prosaico. No tengo ni puta idea del porqué, solo se el como, el donde no tiene importancia, el cuando lo controla mi reloj biológico. Necesito perderme de vez en cuando y sumergirme en este mundo sórdido lleno de sinsentidos, de lujuria, de egocentrismo, de vanidad y locura desbocada.
Se que hay algo dentro de mi cabeza que no funciona de forma correcta, todos lo sabéis, es como la pescadilla que se muerde la cola, un proceso interno que se encuentra bloqueado, un disco duro invadido por un virus mortal de necesitad. Formatear tampoco es la garantía, primero porque me faltan huevos para hacerlo, segundo porque no estoy convencido de quererlo hacer.
Es extraña la psique del ser humano, pero subyace en el fondo una cuestión puramente antropológica, somos animales de constumbre, visitamos los mismos bares, cometemos una y otra vez los mismos errores sin aprender nada (estoy totalmente en contra de aquel que diga que de los errores se aprende), sufrimos por los mismos amores, y a la vez solos sabemos amar de una manera. De esta debilidad no aprendo, doy vueltas en circulo y siempre aparezco en el lugar donde comenzé a andar, al día siguiente amanezco resacoso y pienso si merece la pena tener remordimiento alguno por lo que los actos cometidos. Ahora ya no lo hago, si no cambió será porque soy una animal de constumbres, amanerado y dócil, una comadreja cobarde que acude rauda a su madriguera cuando el cerebro centrifuga a máxima velocidad, un perro que con el rabo entre las piernas vuelve raudo al territorio marcado donde se siento muy seguro. Es entonces cuando espero a que el tiempo inexorable juegue su papel, para que llegue el lunes y me convierta en un animal de constumbres distintas, la misma oVeja en distinto REDIL (Dedicado a Rapunzel).
ECHM

1 comentario:

Carmonación dijo...

Pero hombre! ojalá nuestra vida fuese un eterno fin de semana y al único que debamos rendirle cuenta sea a nuestra capacidad autodestructora.