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12/19/2004

AMORES PERROS

Pensé y repensé en mis amores perros, en aquellos que habían dinamitado mi corazón a barrenazos. El pensamiento se tornó ahogo y decidí salir a dar una vuelta. Temblé ante la idea de encontrar un día claro, traslúcido, y me armé con unas potentes gafas de sol. También cogí el desengrasante anímico y un par de chocolatinas para ocupar las papilas gustativas.
¡Menos mal que aún retengo un par de besos en el paladar! ¡Menos mal que la pareja de siempre continuaba besándose en el banco del parque aledaño! ¡Menos mal que todavía no les han llegado los amores perros! Esos rabiosos amores perros que atacan y contagian enfermedades y prozac.
Alivio, eso sentí a verles entrelazados en un beso sin fin, adolescente y puro. Robé una gran bocanada al aire y me largué de allí como alma que lleva al diablo.
Continué pensando en amores perros, desgraciados, sin finiquitar como la hipóteca del piso, eternos y desdeñados. Apartados, aislados pero aún latentes. Parte de mi, parte de ellas, parte del silencio y de la complicidad que nace en la sonrisa espontánea con solo mirarse, con la inmediatez de un gesto, con el roce fortuito o premeditado. Con todo esto y con el beso que desuella. Virus del alma sin antídoto. Asumo que el placer siempre proviene del dolor y a la inversa. Es un principio. También me resigno a ser un punto más en una inmensa galaxia. Asumo este dolor de cuello que nace de tanto mirar las estrellas.
Nadie puede vivir sin amores perros, sin flechas anquilosadas. Son un capítulo no cerrado. Historia que ayuda a entender nuestra historia. Nuestro paso por estos parajes y nuestro modus vivendi.
Yo reniego de ellos y a la vez estoy enamorado y los cuido. Para ellos el mayor de mis abrazos y el peor de los tiros de gracia.

ECHM

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