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4/29/2008

En carne viva


¿Qué es lo que me contesta el amor cuando le hablo?
Creo que se ha hecho el loco, gira como una peonza y baila la danza del vientre a mi alrededor. Se ríe de forma histérica y me pone nervioso. Me mira con sus ojitos lánguidos pero vivarachos, dos aceitunitas clavadas en mis pupilas cansadas de perseguirle infructuosamente.
Le intento pisar repetidamente, le ignoro, le mando a freír espárragos a cada momento hasta que caigo rendido. Entonces solo me queda implorarle que se vaya, que no quiero que me diga que debo o no debo hacer, que se vaya con la rubia despampanante, que le acose a ella, que yo estoy cansadito de su sufrir.
Entonces, sólo entonces, me contesta que no se va a ir, que yo soy la persona adecuada para él, que mi debilidad le alimenta más que un solomillo de ternera, que ha recuperado la vitalidad a costa mía y no se va a ir tan fácilmente. Se agarra a mi costado como un percebe a los arrecifes y me chupa la energía hasta dejarme tísico
No se va a ir, hoy lo veo claro. Jugaré al mus, una mano más a doble o nada.

4/23/2008

Tiempo, maldito tiempo.


¡Joder! El problema es el tiempo. Tiempo para pensar, tiempo improductivo, tiempo que me enajena, que me perturba, que me somete a su antojo.
No quiero tener tiempo ocioso, no de esta manera. No quiero pensar en ti constantemente, ni hacerme este daño, prefiero no sobrevivir en este naufragio, prefiero hundirme irreversiblemente en este oleaje fiero.
El problema es el tiempo, y el problema es pensar. Por separado son débiles, improductivos, estériles, pueriles. Cuando se encuentran son una bomba de relojería, me matan, me dominan, manejan mis hilos como si fuera un títere.
Mierda de día. Me odio.

4/09/2008

Ni siquiera un poema III (quizás un aspaviento de miedo)


Miedo
A tu sombra cuando anochece
A un susurro en mi almohada
Al equilibrio en la oscuridad
A los sueños robados en la vigilia
Miedo
Al deseo perpetuo al que sometes
A los hilos que sibilina mueves
Al maremoto que provocas
En mi lecho
Miedo
A volver a tenerte
A confundir los latidos
A fusionar los cuerpos
A recorrer tus labios
A aprehender tus sabores
Para despertar hueco
Y aún tembloroso
Recorrer mi cuerpo
Un destructivo MIEDO

4/07/2008

(Para seguir........(maldita primavera)) Ni siquiera un poema II






Hoy no estoy para grandes canciones
Ni para celebraciones
No me apetece poner de mi parte
Ni arriesgarme a una derrota más
Hoy sangro más que escribo
Y solo escribo lo que sangro
Lloro hacia arriba y nace un cielo
Cierro los ojos y pierdo la vez
La vez de tenerte en frente
De tocarte y no atravesarte
De mirarte y no diluirte
En mi pupila incasdescente

Maldita sea esta primavera
Que me impregna de olores ya olvidados
En un viejo cajón imaginario
Junto a mis calcetines de la suerte
Y maldito también tu rostro
Que se aparece en las esquinas
En todos los periódicos, en todas las mañanas
En la desidia de mis días descontados
Como un trébol desgraciado
Como una tristura merecida
Como cuando volviste mi corazón piedra
Aquella primavera maldita, aquella maldita primavera
Que vuelve puntual cada año
Para matarme un poco

Hoy no estoy para grandes canciones
Ni para celebraciones
Hoy solo estoy para seguir.

4/06/2008

Ni siquiera un poema (quizás un crepúsculo)


Quizás sean las utopías las que me mantienen a flote
Si, quizás las ilusiones inventadas que emergen de dentro mío
Quizás sean la medicina tardía de mi cerebro
Cuando las tinieblas me envuelven caprichosas
Y no es esto un poema desgarrado, ni siquiera es un poema
Solo una diversión, un medio de expresión emocionada
De derrotas y banderas blancas, de soledades sempiternas
De quehaceres mundanos que me acercan a la única verdad
De lo que supuso el querer tan apasionadamente
Y de los crepúsculos fundidos en abrazos sinceros
Que ahora son ocaso y duelen, como el mal de amores
Como el día que me olvidaste y dejé de aparecer en tus sueños
Entonces, solo entonces, empecé a desmembrarme
Corazón y razón, apostando a rojo y negro
Y empecé a caminar en otra dirección
Donde, quizás, sólo las utopías me mantengan a flote


3/30/2008

Sucede (a menudo)


Sucede a menudo
Que sangro palabras
Que vomito emociones
Viviendo en el trapecio
Como un equilibrista suicida
Que camina por el alambre
Sin más lona que las ilusiones
Que desaparecen, embusteras
Sin más recuerdo que los abrazos
Que aún nos deben, denostados
Sin más ropa que este traje apolillado
Que se consume en el armario, olvidado

Sucede a menudo
Que en vez de caminar buceo
Que dimito de existir
Lamiéndome las heridas
Como un sabueso abandonado
Que husmea en la basura
Sin más hueso que el olvido
Que somete, pernicioso
Sin más refugio que los pensamientos
Que embriagan, embelesadores
Sin más dirección que la madrugada
Que me confunde, impía


Sucede a menudo
Que fenezco y resucito
Que sueño despierto
Que practico el ostracismo
Que cierro los ojos y te veo

Reconstrucción


¿Cuántas etapas de reconstrucción personal hemos pasado? ¿Cuántas más deberán soportar nuestros cansados huesos?

Deluxe, un placer para nuestros oídos. Os lo recomiendo




RECONSTRUCCIÓN (EL MEJOR MOMENTO)


Es el mejor momento,

sentir, cambiar de nombre tantas cosas

y olvidar algunas caras

en el cementerio del pasado.

Es el mejor momento,

reconocer, sentir a veces tanto miedo,

y entender que justamente

ése es el gesto más valiente.

Y aceptar que no todo es tan fácil

y que no siempre los huesos

aguantan el peso,

reconstrucción.

Es el mejor momento,

asumir que toda sabiduría y experiencia

no resisten a veces

la fuerza de algunas corrientes.

Es el mejor momento,

comprender, no poder ganar todas las veces

y entender que esa es la llave

hacia un camino más amable.

Y aceptar que no todo es tan fácil,

y que no siempre los huesos

aguantan el peso,

reconstrucción.

Y aceptar que no siempre es tan fácil,

y que no todos los huesos

aguantan el peso,

aguantan el peso,reconstrucción.



Autor: Xoel López

Disco: Reconstrucción

Año: 2008

3/24/2008

Mundos Paralelos (corazones congelados)


Amanecimos este lunes y una copiosa nevada cubría con su espeso manto todo el paisaje pirenaico, hasta donde llegaba mi vista. Idílico despertar que me complace y me desgarra a la vez. El desayuno precedió a la pertinente guerra de bolas de nieve, retrocediendo unos cuantos años en nuestro calendario vital y sintiendo algo parecido a lo que se siente cuando cualquier época pasada fue mejor.
Después de este obligado impás llega el momento de partir. Una vez más (y no sé cuantas deben ser ya) quedan atrás risas cómplices, noches de platica imposible, placenteros elíxires varios en nuestros paladares, fotogramas polaroid que permanecerán imperecederos en nuestras retinas, silencios no agobiantes y muchas más risas cómplices.
Ya en el coche me entrego a una tristeza permitida. En el reproductor suena Status Quo y mi cabeza se aleja divagante de la realidad. El pensamiento irrefutable de cómo estamos cambiando lenta pero irremisiblemente. Cambiamos trasnochar por madrugar y whiskie barato por Knocando. Épocas pasadas vividas con ansiedad quedan atrás, y aunque se que, con total seguridad, lo mejor de la vida está por venir, me he quedado ahí, aplatanado, pensando en ti, o quizás en la idealización de tu persona. Sentí de nuevo el látigo nostálgico y me gustó. Ahora tengo miedo de navegar de nuevo en tus mares de incomprensión, acabar náufrago de los recuerdos improductivos. Someterme al dolor que tu yo idealizado me produce.
Eres ese maldito círculo vicioso tan adictivo al cual amo y odio por partes iguales. No quiero más dosis en vena pero he vuelto de nuevo al barrio, buscando veneno en tus calles, en tus angostos y obscenos pasajes, en la esquina favorita donde me encontraste por primera vez. Esperando que aparezcas demonio y me vendas clandestinamente un trocito de cielo. Un cielo virtual en un mundo paralelo donde se sueña más que se duerme, donde los corazones se quiebran con una mirada o un gesto. Al mínimo vaivén.

3/18/2008

ARMONIOSA RENDICION


Paseando por el filo
Supe de mi locura infinita
Y ahora que me mecen aguas calmosas
Te hablo del equilibrio irritante
De la coherencia impúdica
Del acto simple más petulante
Antes, cuando era tormenta
Conocía los espasmos y los vuelcos
También las atrocidades del alma
Y ahora que me embelesan los minutos
Te hablo del poeta domado
Del arrullo de la sangre anestesiada
Y esculpiendo corazones rotos
Escribí los versos quebrados de mi vida
Hoy, más locuaz y menos trágico
Te hablo del sopor celebrado
De la insípida rutina vital que adormece
De una meritoria armonía amniótica
Y rasgándome las vestiduras
Conocí a un Lucifer con guantes de seda
Violando a los demonios, petulantes y rabiosos
Derrotando a los espectros de la noche
Mas ahora que me patea la nada
Hay días que lloro y me rebeló
Contra esta decadencia inocua
Que brota del aburrimiento venenoso
Y paseando por el filo
Supe de mi locura infinita
Y ahora que emano cordura
Te hablo de la decadencia inyectada
De la mustia sucesión de los días
Del lánguido morir de mis anhelos

FABULA DEL CAZADOR CAZADO


Andaba Matusalén leyendo a Pessoa ávidamente cuando el repiqueteo de la puerta perturbó tan idílico momento.

- Toc toc toc…..toc- ¿Quién molesta? No deseo más infusiones, madre. Además se fehacientemente que diluís la droga mezclando las hierbas para confundirme.

- No soy tu madre idiota. Soy yo otra vez

- Oh perdón! No la había reconocido y la confundí con mi infecta madre. Que voz más ronca y desgastada que tiene, esos carajillos de orujo van a acabar con usted. Puede pasar, pero deje la guadaña apoyada en el bargueño, que no sabe como intimida usted arma en mano

La puerta se entreabrió y la señora muerte, ojerosa y sensiblemente mosqueada, penetró en el habitáculo plantándose amenazante delante del enfermo. Éste entonces, viendo el cariz que tomaban los acontecimientos, se incorporó rápidamente, se desposeyó de sus lentes y frunciendo el entrecejo le ofreció la mejor de sus sonrisas.

- Bueno, ¿y a qué se debe el honor de esta visita tan repentina e inesperada? – preguntó sarcástico pero atemorizado Matusalén-

- Bien lo sabes, carcamal –respondió la muerte visiblemente alterada- Es la cuarta vez que te visito este año, y en esta ocasión va a ser la definitiva. Vengo decidida a llevarte conmigo sin remisión ni demora

Dignamente la señora se bajó la capucha y su pálida tez iluminó el chiribitil. El sudor le caía a mares por la frente –pues son sobradamente conocidos los ardorosos agostos de Palacios del Sil por las escabechinas que provocan entre los ancianos y la gente de mal vivir- y se lo secó con un pañuelo de seda que le había birlado a Maria Antonieta antes de repatriarla para el otro mundo. Lentamente se sentó a los píes de la cama del paciente y le miró fijamente con sus gélidas pupilas inertes.

- Es la cuarta vez que te visito este año. ¡Nunca nadie se me había resistido tanto! – protestó contrariada la muerte-- Si, lo sé, mas bien sabe que nunca ha tenido motivos de peso para llevárseme con usted – argumentó pensativo Matusalén mientras se rascaba la tupida barba blanca - Si acaso algún constipado mal curado y poco más se debe mencionar….

- Ja ja ja. –carcajeó la triste dama castañeando los dientes y sosteniéndoselos con la zarpa-. ¿Motivos de peso me pides?. – y sacando un bloc de notas de entre sus andrajos comenzó a leer- En febrero agarraste una tuberculosis que te dejo tísico y deforme, mas me dio tremenda pena tu aspecto y aunque mala de remate imperan en mi determinados valores morales que me impiden actuar arbitrariamente. Decidí por eso aplazar tu muerte para otro momento menos prosaico. Mas en abril contrajiste sífilis por las mujeres de moral algo distraída y de dudosa catadura que frecuentas. Fueron tus argumentos lo único que impidieron entonces que te arrancara la vida. “Que manera más patética e indigna de abandonar este mundo” dijiste, y una, que aunque muerta tiene su corazoncito, decidió darte otra oportunidad. Y por último fue en vísperas de Cuaresma, cuando ebrio como una cuba, se te vio toreando carromatos a intempestivas horas de la madrugada, acabando tus huesos en el duro adoquinado debido a la embestida de un caballo enfurecido por tu osadía pueril. Ya ves, fue entonces el destino el que se alió de tu parte. Eso y que me encontraba en la Guerra de Secesión poniéndome las botas con los que palmaban con las botas puestas -riéndose ante tal sutil ocurrencia-. Pero ahora ya no hay excusa posible, estás viejo y arrugado como una pasa, tu color de piel es parecido al ricino y tus decrépitos huesos crujen como astillas en las brasas. ¡Estas cirrótico y apestas a absenta rancia! Nada puede salvarte esta vez del juicio sumadísimo. - Ya –respondió Matusalén- visiblemente afectado por la retahíla de improperios que había tenido que soportar estoicamente

- Tienes tanta razón en juzgarme por los actos impúdicos que he cometido. Pero seguro que tu tampoco fuiste un ejemplo para la humanidad en vida...

Fue entonces cuando Matusalén extrajo la petaca adquirida en los suburbios de Moscou de debajo de la almohada, acercándola a sus labios cangrenados por la ausencia de defensas en su organismo. Acto seguido le ofreció el néctar a la Doña, que lo rehusó de inmediato.

- Nunca bebo cuando estoy trabajando -espetó ofendida nuestra macabra protagonista- Pero cuando acabe contigo habré finiquitado la jornada por hoy y podré saciar mi sed y mis ansias de lujuria, que una, aunque muerta también tiene afinada la lívido. Además estamos en verano y sólo trabajo de ocho a tres. Los tiempos han cambiado hasta para estos menesteres tan desagradables.

- Tienes razón. No soy digno de seguir viviendo, llévame contigo pues –masculló Matusalén resignado-

La muerte le agarró del brazo y acto seguido Matusalén notó como la vida se le escapaba por momentos. Ella se la estaba robando lentamente cuando una fuerte punzada se instaló en su plexo solar. En las pupilas de la dama vio las primeras travesuras de su infancia, el primer y mágico beso que emana de la flor de la adolescencia y así todos y cada uno de los actos más significativos de su existencia. Luego sobrevino el rigor mortis y acto seguido el vacío absoluto.La muerte, satisfecha del trabajo bien hecho, agarró con su zarpa derecha la petaca de platino y la acercó lentamente a su huesuda boca.

En el funeral la mamá de Matusalén llora ante el cadáver de su hijo, desolada por el dolor que solo se puede sentir con la muerte de alguien que ha germinado en tu interior.

Cuando el cura arroja la última paletada de tierra emprende pausadamente el camino a casa bajo una tenue lluvia, y comienza a reflexionar. Recuerda que su hijo esperaba visita el fatídico día, “una vieja amistad” le dijo sonriendo sarcástico.

Lo que nunca se pudo explicar es porque apareció esa petaca rellena de salfumán encima de una montaña de huesos y polvo. Eso y lo que Matusalén pidió que escribieran en su epitafio: “MUERO MATANDO”.

HERMANA AMNESIA


Hermana amnesia

Te invoco esta fría mañana

Elocuente fruto perseguido eres

Del que borra pisadas en la arena

Hermana amnesia

Llévame lejos de este laberinto

De ilusiones y recuerdos machados

En los días de una felicidad extrañada

Hermana amnesia

Atácame impiadosa y letal

Y entierra este desnivelado duelo

De venas sucias y lágrimas de polaroid

Hermana amnesia

¿No ves que te quise tanto?

Que los néctares mortales

Ya no sacian mi pesar

Que te has quedado prendada

De un silencio, una mirada

Enquistada en mi pulmón

Dejándome sin resuello

Sumido en un stand by

Sin reset ni solución

Hermana amnesia

Te seduzco engalanado

En esta cena para dos

Sáciame de los recuerdos

Y llévalos sin remisión

¿No ves que los quise tanto?

Que han quedado anquilosados

Pululando perturbados

Por mi cerebro, enredados

Sin hueso ni frustración

Hermana amnesia

Utiliza tus argucias

Embelesa mis sentidos

Y finiquita mi dolor

LINEA 5







Fue un amor efímero, como un cigarrillo que se consume en unos labios viciados de nicotina. Ella se subió en Sagrada Familia, Línea 5, yo me apeé en Badal. Fueron siete paradas y diez minutos y medio de amor en plenitud.
Tenía la tez morena y una larga melena ondulada moldeada por espuma fijadora. Probablemente se llamaba Silvia, digamos que era así. El vagón estaba a tutiplé y entre Silvia y yo no habría menos de doce o trece personas, incluyendo tres paquistaníes, dos adolescentes ecuatorianos, una familia oriental al completo y un marroquí desarrapado. Su mirada era encantadora y misteriosa a la vez. Aquellas pupilas grandes y oscuras se clavaron como dos yagas envenenadas en mis retinas, y quedé sumido en un letargo eterno que duró diez minutos y medio.
Era mi historia de amor, intensa y cierta, plena de sentimientos y sensaciones a flor de piel. Como el sueño de una noche de verano, donde visitamos países exóticos, compartimos un sinfín de rojizos crepúsculos y de noches de escandaloso amor, desparramando besos y sentidas caricias por avenidas y plazas, hasta rozar con la yema de los dedos la panacea de la perseguida felicidad.
Cuando nos interrumpió la maldita voz en off del metro que farfulló aquello de “Propera parada Badal” nuestro amor era tan intenso que parecía que llevásemos toda una vida juntos.
Y aquella tarde aprendí que el amor no se mide por el tiempo ni por los recuerdos, que sólo es un fugaz pero intenso viento frío que nos pega en la cara dejándonos para siempre una gran muesca en el alma.
No dejé de mirar a Silvia hasta que perdí por completo de vista el último vagón, y en la soledad del andén, y en la quietud de las cosas que me rodeaban, sentí una sensación de ahogo en el pecho que sólo sació un llanto desesperado.
Una vez acumulé fuerzas suficientes me dirigí lentamente y arrastrando los píes hacia la salida. Toda mi ropa olía a ella, a su embriagador perfume, atesorando el sabor perpetuo de sus besos en el paladar. Vencido por el cansancio Morfeo me engañó más de una luna y desperté de otro sueño que aunque no fue tan bonito si que fue reparador.
Ahora vuelvo a estar preparado para nuevas aventuras, si me queréis encontrar buscadme en la Línea 5, entre Badal y Sagrada Familia (o viceversa).

MONTAÑAS RUSAS


Disculpen mi tristeza cuando escribo que es casi todo en mi devenir como una montaña rusa, subir, bajar, voltear,……
Los días se suceden concatenadamente y mientras decido si prefiero sobrevivir o morir un rato mi existencia va transcurriendo sin remisión ni éxtasis sentimental.
Se trata en conjunto de los momentos en los que vivo, en éstos que me defiendo como gato panza arriba mientas no encuentro un alma que me desvele, mientras suceden las carcajadas en medio de un blues desgarrado que me recuerda que no puedo escapar de mi condición romántica.
No es un romanticismo entendido literalmente, no es el romanticismo socialmente establecido, sino que más bien se trata de un romanticismo que abarca toda una forma de pensar, de “entender” el mundo, de compartir emociones y arrimar el hombro solidariamente.
Este romanticismo abarca también la concepción del amor, como no, el estado natural del ser humano es estar enamorado, principio y final de nuestra existencia, motor de ésta y precursora de que todos nos levantemos a diario y no estampemos el maldito despertado impúdico contra la pared más próxima.
Hace tiempo que no me enamoro generosamente y reconozco que en ciertos momentos me embarga el más cruel de los cinismos, una profunda ironía que nace de la experiencia mal encarada, de la derrota hiriente que deja marcas en la piel y profundos surcos en el alma. Es entonces cuando me jacto de un cierto desprecio patético hacia lo que me rodea, no es más que un triste mecanismo de defensa que yo mismo he creado y que en ocasiones incluso se apodera de mi mente de forma fehaciente y compulsiva. Pero es real y da miedo. Mucho miedo. Pese a todo reconozco que espero abiertamente, desde lo más profundo de mi ser, algo que me saque del ostracismo patético en el que navego. Soy sustancialmente feliz, no lo niego, pero lo que arde en mi interior es lo que impulsa que me ponga escribir a estas intespectivas horas de la noche, sin aspavientos más propios del diario de Patricia claro, sino más bien a mi estilo.¿Como explicar entonces que cada día me cuesta más pintarme la sonrisa?, ¿como convencerte que sigo esperando el billete definitivo para subir a la montaña rusa más divertida, emocionante y sobrecogedora?.
Desgraciadamente, mientras esto no suceda, es probable que siga despilfarrando tiempo y energía en quimeras estériles que provocan mi auto desprecio en un cualquier día después.
Lo dicho anteriormente, Disculpen mi tristeza desvelada.

ZOZOBRANDO


Es sábado y no me apetece jugar a la lascivia y al vicio. No me apetece azotar las neuronas con líquidos amnióticos de variados coloridos, ni hay cabida esta noche para el oscuro deseo ancestral que emana de los bajos instintos que a menudo me ningunean y me rebajan hasta ser pisoteado por las serpenteantes lombrices nocturnas.
Me paseo por el piso derrotado y arrastrando los pies, buscando la losa correcta donde desplomarme consumido en los brazos de Morfeo. Ansiando un metro cuadrado virgen donde al fin descansar de cuerpo y espíritu.
En el reproductor suena Sabina y vuelvo a dejar volar la imaginación a mundos inhóspitos y lejanos donde me reinvento y abrazó la ilusión que esta noche noto como se escapa sudorosa por todos y cada uno de los poros de mi piel.
Son largas las noches sin amor, sin mentiras piadosas que embelesen mis sentidos, anestesiándolos hasta que sometidos y cautivos caen un pesado sueño aletargado en el cual me zambullo apresuradamente. Y es que me hacías sentir como un pez en el agua, chapoteando con mi aleta dorsal y burbujeando juguetón mil y una historias de búsquedas de corales paradisíacos, tan lejos de la urbanización marina que me empapa actualmente y me somete en esta pecera de hormigones y paredes blancas.
Melancólicamente hablando soy ochenta por ciento sentimiento y veinte por ciento rencor. No hay cabida en mis recuerdos para sonrisas y dicha, nunca la hubo, aunque he de reconocer que me encantaría cerrar los ojos, apretarlos fuerte y atisbar una amplia sonrisa en mi faz, de oreja a oreja. Pero no es mi condición la nacida del positivismo irracional, sino todo lo contrario, y el empirismo que me adoctrina y me golpea por partes iguales me enseña a diario que en los cuentos de príncipes la princesa siempre se fuga ignominiosamente del castillo con el estirado y presuntuoso caballero de reluciente armadura y opacos pensamientos.
No puedo luchar contra tantos enemigos invisibles, ni siquiera alcanzo a hacerlo contra mi mismo, fin y principio de mis tan humanas limitaciones. Puede que ni siquiera me interese hacerlo y prefiera aletear resabiado, saboreando el pensamiento que es sentirse erróneamente singular y diferente. Hasta que se produzca el previsible naufragio vital, punto de partida perpetuo desde donde pueda resurgir de mis cenizas, como el ave Fénix.
Y maldigo la suerte que empapa mis rincones y los deja temblorosos y dubitativos, resurgiendo poderosos los siete pecados capitalinos, fuego interior que embriagador me permuta al odio y a la envidia del pusilánime usurero de almas y espíritus en constante zozobra.
Quiero descansar entre algodones este sábado. Que no me atormenten las dudas existenciales, que no suspire por tiempos pasados distorsionados por falsos Mesías, vendedores de humo y de días de vino y rosas, que envalentonan mi fugaz mente perturbándola de forma artificiosa e inmoral. Solo quiero soñar que el sueño no tiene fin, soñar que aún sueñas conmigo allí, desde algún cualquier lugar inventado.
Felices sueños etéreos e inocuos. Mañana más sopapos de realidad.

11/11/2007

Días extraños

Hoy es sólo un domingo más
Rescatando vinilos ya olivados
Jugando a bucear en la melancolía
Resucito estigmas que creí sanados

Hoy es sólo un domingo más
Acompañado de palomas y hoteles
De Andrés, de Joaquín, de Carlos
Sumergido en el licor de la añoranza

Hoy es sólo un domingo más
Desesperante, lento y molesto
Que muere hiriente entre mis brazos
Mientras mastico lo perdido…

Y no lo encajo

No me acostumbro a los domingos
Cuando no son contigo
Ni me acostumbro a madrugar
Sin despertar entre tus brazos

Y éste es sólo otro domingo más
Suenan los Urquijo y me acunan
Volviendo a tiempos pretéritos
Despliego las alas de mi locura

Maldito sea este domingo
De melodías caducadas
Que perece grosero entre carcajadas
Mientras aprieto los puños…..

Y no lo encajo

No me acostumbro a los domingos
Ruidosos y solitarios van sangrando
Ni me acostumbro a este vinilo rayado
En este hotel dulce hotel de prestado

No me acostumbro a los domingos
Cuando no son contigo
Ni me acostumbro a madrugar
Sin despertar entre tus brazos

6/27/2007

Resurrección


Rómpeme la camisa y rajándome el pecho
Deja que fluyan recuerdos y sueños
Vomitando los anhelos enquistados
Supurando las heridas más profundas
Desparramando mi savia por las aceras
Hasta que hueco y etéreo olvide
Que un día existieron los cuentos
Los castillos que se construyen a besos
La podredumbre del querer a diario
Los mendrugos que nos alimentaron
Hasta que inertes mis extremidades
Broten sentimientos nuevos
Y se enreden en las pestañas
De las pupilas que quieren sin mirar

5/26/2007

Seres deleznables


Los odio. Lo siento pero los odio. Son alimañans de la noche, se engominan, se acicalan con perfumes baratos y se disfrazan con camisetitas talladitas y maneras de sedutor venido a menos, modelo Arturo Fernández. Los observo y me río de su patética existencia, de sus endémicas armas propias de eúnucos cerebrales victimas de la educación general básica española. Van armados con móviles de última generación y beben siempre todo mezclado con red bull, que se les pega al cerebro como las garrapatas a los perros vagabundos que no tienen donde caerse muertos, pero que, obviamente, atesoran más clase que los eúnucos. Cuando les miro, y les veo desplegar sus alas de buitre leonado de la estepa siento asco, se me revuelven las tripas ante tal demostración de degeneración del género humano. Me jacto, me río en su jeta y despiertan en mi mis instintos más ponzoñosos, los quiero desmenuzar con mi fina ironia, despellejar lentamente con mi sarcasmo infinito, que está a años luz de sus deleznables comentarios típicos de comadrejas. Parece que les hayan practicado una reducción de cerebro, pero a lo bestia, sin anestesia ni calmante. De todos ellos a los que más odio son a los que se ponen el cigarrillo en la oreja, merecen ser golpeados con los dos vólumenes de el Quijote al unisono, hasta que el cigarro forme parte indisoluble de su oreja sangrante. En el metro van en manada y vomitan comentarios insipidos y vulgares constantemente, entonces dejo volar mi imaginación y mi mente lúcida pero con detalles de inminente perturbación los traslada a ostias a la época de los grilletes y las cámaras de gas. Es como si los estuviera viendo, pobrecitos, agonizando ante la salida inexorable del gas a borbotones, mientras de fondo suena a volumen brutal la pseudomierda musical que escuchan los deleznables, operación triunfo, bisbal, el enano alejandrito, el jodido regueton de mierda y demás lindezas. Es entonces cuando el red bull les empieza a rebosar por las orejas y el cigarro sale despedido violentamente a veinte metros. Lamentablemente cuando se están retorciendo y sus existencias están llegando a un irreversible fin siempre llegamos a la parada de metro donde se bajan en rebaño tan graciosillos ellos.
Es por todo lo explicado que hoy no puedo evitar vomitar rabia antes estos personajillos que nos rodean cuando el sol se oculta, quizás sea injustificadamente violento, pero sinceramente me la trae al pairo, porque los odio.... LO SIENTO PERO LOS ODIO

4/28/2007

Rigor Mortis (II)




Me atrinchero en estas cuatro paredes
Y me acurruco en una esquina
Tengo las pupilas agotadas, el pulso débil
Y mi corazón que ya no quiere vestirse de domingo

Reviso mis recuerdos y te encuentro de nuevo
Mientras por las venas te voy sintiendo fuerte
Serpiente venenosa me ensucias con evocaciones
Y mi corazón viaja en patera a ninguna parte

Tiemblo de no tenerte y me abrazo a tu ausencia
Estoy sudando y me invade un tremendo escalofrío
Y se que me encontrarán sin vida, inerte
En los portales cuando amanece
En cualquier estación de metro anónima
En los bares que parapetan mi hueco esqueleto

Rígidas mis articulaciones pero ardiente mi alma
Nos diremos adiós y nos daremos un beso
Cuando los buitres acechen mi cuerpo al alba
Y este pico en desmesura cumpla su cometido
Te dedicaré a ti mi mejor sonrisa
Y el más doloroso de los rigor mortis

4/22/2007

EXODO





Tengo los bolsillos vacíos, agujereados por las termitas del alma. Sólo me queda este billete de metro hacia algún lugar, aquel lugar donde consiga temblar de nuevo al recordarte, querida madre.
Deambulo por el arcén y sorteando lamentos de indigentes me encuentro con el espejo, postrado al final de la línea. Me miro y me reconozco hueco, traslúcido. Amanece dentro de él. Existe un arco iris mágico que se funde en un abrazo con el sol. Siento sus rayos en mi piel, potentes y tranquilizadores. Pongo la mano en el vidrio que al instante noto caliente. Instintivamente la retiro y grito furioso. De repente un brazo amigo surge de dentro y me agarra por el pescuezo. Ahora ya estoy al otro lado del espejo, y el alivio me invade enterito. Las penas flojean y las piernas se fortalecen en este lugar, donde ahora sí me siento bien seguro.
Vuelo, ¡estoy volando! Doy vueltas y vueltas impulsado por la fuerza del aire que me ánima. Me paro a hablar con las nubes y me aposento sobre ellas. Aquí arriba se palpa la libertad a golpe de viento. No hay rejas ni barrotes, solo aquellos que mi mente inventa. Son mis limitaciones infinitesimales, como el número E.
Aprehendo mil colores y entre empellones huracanados me meriendo la vida por momentos, a cucharadas. Cierro los ojos y retengo en mi retina la imagen ansiada, aquella que perdurará en mi memoria para siempre. Extiendo los brazos que perpendiculares al vagón de cola se agitan vehementemente. Una gran descarga de adrenalina inyectada en sangre que me hace enloquecer de placer. Grito y mi campanilla vibra como nuca antes vibró. Una conmovedora retahíla de sonidos atronadores y enmudezco. Tras la tempestad la calma y tras el deseo el más reconfortante sosiego me inunda, hasta la pelvis y más allá. Al fondo una guitarra española con su rintintín acompaña mi caída. De palmero corazón te tengo a ti.
En esta parada siempre sube la yonkie de pelo alborotado y ojos tristes. Desde aquí arriba la observo. Consumida por los zarpazos de la vida su mirada es inocua, sin final como el túnel del tiempo en el que me sumerjo cuando te veo. Cuarenta quilos apenas, sostenidos por dos alambres temblorosos, ojeras pronunciadas y rostro enjuto. Chupada como una piruleta en la boca de un niño, débil como una esposa injustamente maltratada, como una puta sometida a su chulo. En su faz se adivinan resquicios de una belleza robada por los vestigios de un pasado digno. Hoy será distinto, porque sigues en el metro, pero el metro está dentro del espejo, y yo vuelo. Se hará lo que yo diga.
En mi bolsillo hallo pastillas, tres pastillas color azul cielo. Las lanzo hacia ti y en caída libre se convierten en grandes tesoros. La primera es el olvido. La segunda es una ilusión innombrable. La tercera un caramelo de menta. Te decides por esta última y sonríes indefinidamente con esa especie de mueca de muñeca apaleada. Las ilusiones no se comen, pequeña, ni el olvido es alimento de las almas peregrinas que deciden seguir un camino en círculo
Ahora estás flanqueando mi siniestra. Vuelas conmigo y también te invade el sosiego que antecede al calambre. Puede que estés muerta y aún no lo sepas, a lo peor yo también lo estoy.
Eres vieja y estás acunando enfermedad. Pero destilas energía, y tus mejillas están coloradas por el calor humano que se respira en un atardecer invernal, entre niños pastorcillos y vírgenes inmaculadas, te hace rejuvenecer. Ahora eres la niña de ayer. Agarras fuerte la mano de tu padre y sollozas por el ruido que emana de los raíles al paso del tren. Aprietas fuertemente el caramelo que yace en tu boca, y todo atisbo de lento saboreo se desvanece. Lo disgregas rápidamente y lo engulles en grandes trozos. Son como cristales de bohemia que se clavan en tu garganta y te parten en innumerables pedacitos de miedo. No tiene sentido llorar, pero lloras. Tampoco lo tiene la queja, pero te reencarnas en el más salvaje de los lamentos
Los fantasmas del pasado vuelven a aparecer desquiciantes. Te rodean y se ríen como hienas. Hasta que sientes reventar tus tímpanos tu vida es un infierno. Cierras los ojos tan fuerte que te pones colorada del esfuerzo. Las órbitas se desorbitan, y la nuez se torna rocosa y sollozante.
Acudo presto en tu ayuda y en picado me lanzo a levantarte del pavimento. Te abrazó cuidadosamente y empezamos el ascenso lento pero seguro. Tu rostro va tornando angelical y la pubertad y la adolescencia se suceden en pocos metros. Cuando el vagón apenas es una maqueta tu rostro se ha transformado en el de una mujer. Posteriormente la madurez y con ella las primeras arrugas, elegantes y sabias. Ahora el tren es miniatura, tu cara está sometida al encanto de las sinuosas rugosidades, y tu pelo blanco y rizado como el deshielo ondea perpetuo.
Me flanqueas a mi diestra. Te he soltado y has empezado a volar. Titubeante al principio como un bebé que da sus primeros pasos. Ya somos tres, y este viaje comienza a tener sentido.
Al alba siempre estas allí, en el segundo vagón. Te desprendes del bolso con dejadez y te postras cansada. Al otro lado de este espejo también te encuentro ajada, todo en ti es dolor. Tu pubis dolorido por el tejemaneje de la ingrata noche te recuerda que a tu edad es menester buscarse un empleo menos exigente. Pero, ¿que le vas a hacer sino sirves para nada? Eres un ave nocturna con un discurso manido. Las palabras se atascan en tu garganta y no quieren florecer. Tragas un mendrugo de pan y te las encuentras en el estómago. Muchas letras desordenadas que patean tus intestinos. Una A que no encuentra pareja de baile, una P solitaria y taciturna. Así hasta completar todo el abecedario Cuando llegues a casa las vomitarás.
Eres una puta de baja estirpe, y esa es tu condición. Tu padre se encargó de modelarte. Un ídolo de barro de tan baja calidad que se fundió rápidamente, y ahora todo el mundo lo pisotea. Nadie quiere construir nada con él, porque ahora el personal exige material de primera. Nada de baratijas.
Extraes de tu bolso ese pequeño espejo de tocador que utilizas todas las mañanas para recuperar tu dignidad robada. Se ha expandido el rimel como un cáncer por toda tu cara, has perdido un pendiente en algún empellón voraz, y las ojeras te llegan al vagón de cola. Tu redescubres otra vez muerta, cerrada por derribo. Bajas el telón de tus ojos para evadirte del mendigo que te observa sudoroso y maloliente mientras se manosea los genitales. Esta es la vida real, si quieres un cuento ya puedes ir buscando una lámpara maravillosa.
El final de trayecto te despierta. Eso y el vigilante que groseramente te recuerda que el billete de metro no da derecho a alquiler de habitación. Con los músculos aún dormidos y trastabillándote te apeas tropezando con los restos de autoestima que están esparcidos por el andén. Caes al suelo y notas como se resquebraja el espejo de tocador por el fuerte impacto que se produce. Un saco de huesos mezclado con multitud de cristales ínfimos es todo lo que queda de ti cuando el sol empieza a despuntar. Reflejada en cada uno de los trozos me observas, estoy entre el arco iris y la nube más espesa con forma de elefante. Te hago un gesto con la mano animándote a entrar. No tienes nada que perder y accedes a mi sueño como un torero sale de la plaza tras su mejor faena; por la puerta grande.
Ahora proteges mi retaguardia y más que una puta pareces una santa. Ya somos cuatro los jinetes del Apocalipsis, y este viaje se aproxima decidida e irremediablemente a su final.
Un lunes siempre será un lunes y pagaría por no tener que ver la geta del taquillero uniformado que me desprecia sin mirarme siquiera a los ojos. Pero es empresa imposible evitar lo inevitable, así que como es menester y con toda la educación que el mundo y mi madre me han inculcado me dirijo a su persona.
- Quisiera una T-Mes por favor.
- …………….. ( me arroja la T-10 como si me estuviera haciendo el favor de mi vida)
- …………… ( lanzo las monedas con el mismo desprecio que recibo por su parte)
- ……………( me facilita el cambio y vuelve a sus ocupaciones básicas)
- Muy amable, que tenga usted un buen día. ( Que utilizando la ironía es la equivalencia al peor de los deseos para el resto de su vida y las próximas quince reencarnaciones )

Introduzco la tarjeta en el aceptador y sonámbulo desciendo las escaleras que me conducen al andén que conozco palmo a palmo. Las mismas caras de siempre, dormidas y aletargadas me rodean curiosas. Maldigo esta rutina una y otra vez y el calor que se acumula en este subterráneo me confunde de tal manera que comienzo a ver putas, viejas y yonkies ajadas que se me acercan con intenciones funestas. Busco un arco iris que me salve de este ataque masivo y vislumbro el espejo al final del andén. Comienzo a correr atraído por la luz que desprende, deshaciéndome a empujones y manotazos de todo ser vivo que se interpone en mi camino. Corro y corro cada vez con mayor ímpetu y a más velocidad. Sin posibilidad de freno ni deseo de aminorar me aproximo al espejo donde me espera un gran arco iris flanqueado por enormes nubes blancas con forma de elefante.
Salto ferozmente sobre el espejo y noto una gran sensación de alivio en todos mis órganos que descansan después del sobreesfuerzo.
Ahí esta la puta, también la señora vieja y la ajada yonkie. Me flanquean en este vuelo sin rumbo ni dirección. Puro placer de los sentidos. Nos paramos y jugamos con las nubes al escondite. Contamos historias y nos reímos ajenos al mundanal ruido que acontece ahí abajo.
Mientras tanto mi madre llora desconsoladamente en el momento del levantamiento de cadáver. El espejo ha quedado totalmente destrozado y reducido a su mínima expresión. Mi padre se abraza a mi hermana que no cesa de gritar ni de dar patadas a la papelera colindante. Veo la impotencia y la rabia desde aquí arriba, pero ni siquiera eso logra perturbarme. Escucho a mi madre que no deja de insistir en lo de la jodida medicación. Que buena es.
No tengo novia pero está allí. Tampoco amigos pero también han asistido. El funeral es triste pero yo estoy contento. Mi cuerpo frío pero mi sangre caliente. Noto que todo son contradicciones y me pregunto cual es la verdad.
¿Quién es el muerto y quién el vivo?

3/18/2007

Lapsus


- Déjame entrar
- No sin su consentimiento
- Pero no puede hablar, él es tan tímido...
- Es tu corazón. Si el no lo aprueba no pasarás

Y así fue como una vez más me ganaste la partida, con un golpe bajo y certero, donde más duele. Te odio corazón en llamas.