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3/05/2006
ONAN
1/28/2006
Temporal

Tardabas en llegar y hacia frío. La caldera estaba estropeada y con este temporal ningún técnico se aventuraba a venir hasta aquí. Decidí preparar dos infusiones bien calientes, para cuando regresaras con la piel enrojecida y dura. Tuve tu imagen congelada en mi retina durante breves segundos. Los suficientes para verte y calentar mi alma inquieta. Eras imagen en el portal, asiendo la llave con tu temblorosa mano. Yo, presto a abrirte, impaciente por abrazarte y ayudarte con caseros métodos a que entraras rápidamente en calor El tilín del microondas rompió la magia inmediata de un pensamiento frágil, disoluble. Con una breve mirada al reloj de pared observé que éste marcaba las nueve y media de la noche. Me extrañé de tu tardanza y marqué otra vez el número, aquel que tenía aprehendido entre pecho y espalda. De nuevo se repetía, insoportable, la voz de esa maldita grabación. “El teléfono al que llama está fuera de cobertura, inténtelo de nuevo, más tarde”.
¿Más tarde?- me pregunté iracundo-. ¡Que sabrás tu cuan tarde es!
Dejé tu té en el microondas, para que conservara el calor, y estreché el mío entre mis coaguladas manos. Deseaba que a tu llegada todo fuera perfecto. Que unas manos frías no echaran al traste una labor meticulosamente planeada era muy importante. Había que cuidar los pequeños detalles, y yo me había convertido en un especialista en esos menesteres.
Sentí un bienestar aposentado en mi vientre, una sucesión de sensaciones placenteras que se repetían perpetuas mientras el té transitaba furioso por mi laringe deslizándose rápidamente por el esófago, serpenteando curioso y delicado por mis entrañas, hasta aposentarse allí donde más falta hace cuando nos abraza el crudo invierno.
Regresé al comedor y me quedé de nuevo absorto ante la foto de bodas, aquella en la que tus mejillas radiaban una instantánea felicidad. Un flash de Polaroid. Quizá fueron minutos, quizás horas las que pase allí delante. Habían pasado ya nueve meses y nuestro bienestar, amamantado a pellizcos de pasión, no había hecho más que crecer como una cría de cervatillo protegida por el calor del pecho de una madre. Me sacó de este letargo el viejo reloj de cuco regalo de tus padres- aquel que había sobrevivido generación tras generación-. Las once. No era normal tu tardanza, aunque pensé que quizás habrías pasado por casa de tu hermana Irene, que prometió dejarte la manta eléctrica. Si, debía ser eso. Recuerdo que la pasada noche te agarraste tan fuerte a mi. Tiritabas. Este jodido invierno va a acabar con tu salud -pensé antes de acunarte entre mis brazos-
Me tumbé en el sofá, protegido por la vieja manta a cuadros de poliester que adquirimos en el mercadillo local, tras una larga deliberación que desembocó en absurda disputa. Me acurruqué y conecté la televisión con el fin de despejar mi mente de cualquier pensamiento dañino. El parte reflejaba los efectos del temporal. Imágenes de manzanas enteras sin suministro eléctrico, coches volcados por el viento huracanado, y algún que otro desaparecido se paseaban por mis pupilas con total impunidad.
Noté los que los parpados me vencían poco a poco, como el cuidadoso trabajo de una termita, y con tu imagen clavada en mi retina lentamente deje que el sueño se apoderará de mi. Tranquilo y confiado Morfeo me retuvo durante unos minutos que pudieron ser horas. Tal vez días
Todavía tocaba tu rostro cuando me despertó el teléfono. Un amasijo de hierros en la cuneta, los restos de una manta eléctrica y una bolsa de caramelos de eucaliptos - aquellos que sabías que me chiflaban-, han sido la herencia que has dejado anquilosada en mi alma.
Han pasado seis meses desde la noche en que me abandonaste. El té sigue en el microondas, y todavía se aprecian tus curvas en la cama. En nuestra foto de bodas ya no estas. Rompí tu mitad y ahora habitas en la chimenea. Es una forma diferente de darme calor. De aportar un relámpago de cordura a esta sinrazón diaria que me aturde. Quizás así consiga prorrogar esta agonía que me abraza en invierno y me abanica cuando llega la primavera. Sobrevivir a tu ausencia será mi objetivo principal en los próximos cuarenta o cincuenta años. Eso y quizás también esquivar tu guadaña, mujer nacida del frío.
38 grados y un Ventolin

Tengo un resfriado mal curado y me estoy enamorando de él. Por más que me medico no hay manera de acabar con su presencia. Vive conmigo todas las estaciones del año, alojado entre la laringe y el bajo vientre, se pasea por mis entrañas como Pedro por su casa. En verano en forma de agria tos, en invierno se disfraza de fastidioso esputo y viscosa mucosidad perenne. En primavera es fatal alergia, picores molestos que me recuerdan que el tiempo pasa pero el continúa allí. En otoño es desmesurada jaqueca y Prozac resabiado.
Se acuesta conmigo por la noche y me hace compañía en mis íntimos momentos de soledad. Me aconseja en temas amorosos y me disuade de mis esquizofrénicas tentaciones de matar. El se ha convertido en mi mejor amigo. En alguna ocasión, cuando toso y retoso me pongo malísimo y le odio a rabiar, pero se me pasa enseguida. En cuanto recuerdo que es mi fiel compañero de batallas, aquel que habita en mi. He aprendido a quererle como es y a asumir que me lo llevaré cosido a la tumba. Le amaré hasta los restos ¡Pese a que es un jodido constipado cargante!
Y a veces siento que le quiero, ¡que le quiero tanto! Como nunca querré a un ser humano, ni a mi perro siquiera. Aunque me traiga las zapatillas.
Esta mañana desperté y te miré alucinado. Creo que en tu mirada residían destellos de un amor primerizo, recién estrenado.
- ¿Nunca te has enamorado?- le pregunté intrigado-. Tienes el corazón tan entero que me das miedo.
- Me enamoré hace tiempo- suspira-. Yo residía en un cuerpecillo gris, repleto de enfermedades y virus peligrosísimos que tenían al pobrecillo tipo destrozado, al filo de la guadaña. Recuerdo una mañana de resaca, me harté de tripis la noche anterior y no estaba para nada ni nadie. Me columpiaba somnoliento al final del intestino delgado cuando noté que alguien me impulsaba más y más fuerte. Gastaba un perfume embriagador y el roce con su piel de primera me produjo un escalofrío que me sacudió instantáneamente del letargo en el que me encontraba. Era la gripe intestinal más hermosa que había visto nunca...
- Es realmente emocionante el primer amor- le interrumpí-. ¿Y que sucedió entonces?
- Fue efímero. Nos besamos hasta que nos dolieron los labios. Durante días, vivimos al límite de la intensidad y las flechas de Cupido habitaron dentro hasta que ese puto medicamento lo jodió todo. Una mañana fría ella me dijo que se iba, que la enviaban a otro cuerpo, que este ya no daba para más. La culpa fue del amor intenso. Del amor y de ese inoportuno medicamento. Odio el Pimperan desde entonces, ya que estoy seguro que ella era mi otra mitad, mi alma gemela, mi yang. Demasiado tarde, ahora que solo queda el recuerdo de una despedida en el esófago. Los guardas no me dejaron pasar de allí y grité impotente. Grité hasta sentir reventar de afonía. Sabes, la vida de un virus también puede ser tan triste como la de cualquiera. Incluso más triste que la tuya.
- Es una historia muy triste, cierto. Yo también me enamoré y sufrí, pero mi sufrimiento no es comparable al de muchos otros. El mío fue gratuito y banal. Fue una pataleta pueril, como cuando de pequeño me prohibían ver las películas de dos rombos. Cof cof cof. ¡Estate quieto travieso!
- Perdona, es que estoy cambiando de postura. Uno se hace viejo y los huesos empiezan a quejarse. ¡Eso y la maldita humedad de este pueblo costero! Nunca me habituaré a ella. Hablando del amor, y perdona mi indiscreción,¿ como acabó lo tuyo con la rubita vendedora de merchandising?
- No se nada de ella desde que le tosí en la cara. Eres muy celoso, ¿sabes? Desconocía que los virus tuvierais esos defectillos tan humanos
- Lamento de veras haber provocado esta situación, pero no te merecía. Demasiado egocéntrica. No hacía mas que hablar y hablar durante horas de cómo le miraban los clientes. ¡Mujeres!. Además llevaba demasiado maquillaje.
- Da igual. En el fondo te lo agradezco, no era mi tipo. ¡Que mujer tan aburrida! Tu en cambio hablas tan bien, y tan bajito. ¡Que importante es hablar bajito! Es lo que más me gusta de ti.
- Gracias, me haces sonrojar. ¿Dormimos otro ratito?
Nos abrazamos y entrelazados dormimos durante horas, en la seguridad que nada podría perturbar nuestra pasión recién nacida. Estaba empezando a brotar un sentimiento arraigado entre los dos. Fue esa misma noche cuando decidí dejar de medicarme más que lo imprescindible para sobrevivir. Alejé todo pensamiento de extinción y entre aspavientos y accesos de tos fuimos tres aquella noche.
Tú, yo y mi añorado Ventolín.
Más de Piratas (Iván Ferreiro)

Que grande eres Iván!!
-aunque estés en la sombra-
Los Piratas - Tan Fácil
(Manual para fieles)
Ya no tienes que jugar
Podras venir y arrodillarte ante mis piernas
Podras hacer lo que tú sabes que me gusta más
Y callada perdonarte será fácil
Ya no tienes que buscar es tan fácil conocerse.
Si siempre que me tocas reconozco mis derrotas!
Reconozco que esperar es más fácil cuando
Sabes que te has ido lejos
Sabes que no has perdido posibilidad
Y empujas más los huesos
¿Dónde has estado?
Creo que salí a preguntar por ti
Y nadie ha contestado
Y me quedo aquí parado,
Todos me han mirado y no encajé muy bien
Que te hayas marchado...
Reconozco que esperar no es tan fácil,
Y es tan grande la ciudad que marea tanta altura
Y no es tan fácil...
Ya no tengo q esperar
Podré salir cuando yo quiera y revolcarme
Podré jugar con las dos cosas que me gustan más
Siendo malo cualquier trato será frágil
Convendría relajar me he cargado tantos pactos.
Que solo si me caigo justifico buenos ratos!
Ya no tienes que jugar...
Haiku (3)
Sueños perdidos

Te esperaré en el arrollo
Deshojando margaritas
Mientras las gacelas bailen
Y el mirlo cante sonatas
Yo me quedaré dormido
Soñando sueños perdidos
Contemplando tu reflejo
Inventando desvaríos,
Yo me quedaré dormido
Postrado en la verde hierba
Que me cuide y de su abrigo
Trasladado a un mundo nuevo
Donde empecemos de cero
Yo me quedaré dormido
Sumergido, revivido
Hasta que llegue el rocío
De la mañana nacida
Que me devuelva su frío
Para congelar un sueño
Y devolverme a este mundo
Mundo que derrama hastío
Cuatro deseos perdidos
De lágrimas malcosidas
Que reposan en el río
Pacientes como un anhelo
Que yace inerte, escondido
Y me quedaré dormido
Soñando sueños perdidos
Postrado en la verde hierba
Inventando desvaríos
Recorriendo mil caminos
Derechito a tus sentidos
Caminando por el filo
Soy marioneta sin hilos
Para aislarme en esta celda
Del desamparo colgado
Como un cuadro inacabado
Como el placer cercenado
Como el niño abandonado
Como un loco enamorado
Te esperaré en el arrollo
Deshojando margaritas
Contemplando tu reflejo
Contando cuentos manidos
Yo me quedaré dormido
Soñando que no te has ido
Que eres llama incandescente
Que protege y dame abrigo
Soñando que no se extingue
Sea perpetua, excesiva
Como un amor desbocado
Hasta que me duela el pecho
Histriónico, exagerado
Soñando sueños perdidos
Yo me quedaré dormido
Y tú a mi lado, conmigo
12/28/2005
Haiku (2)
Las hojas que se lleva el viento
El perfume que aprehendi es
Las noches en vela que pasé
ECHM
12/27/2005
Haiku
ECHM
11/06/2005
Se os quiere...
Así que, ante tal abanico de posibilidades decidí ir al mercadillo y compré trescientos gramos de amistad de borrachera y dos piezas de amistad pasajera. Me engalané como mandan los cánones y esa noche salí a merendarme a la luna con mis recién adquiridas amistades. Fue una gran noche, pero como me gasté todo el dinero en ellas hoy domingo hecho en falta una dosis de amistad sincera que aligere mi conciencia y someta mis dolorcillos.
No se lo tomen a mal, esto sólo es una nota de suicidio comercial, dedicada a todas mis amistades, aquellas que se quejan de mi pesimismo vital y de que camino por el mundo arrastrando los píes. Eso sí, sin acritud y con mucha ironía. ¡Se os quiere!
10/24/2005
JAIME GIL DE BIEDMA
Imagínate ahora que tú y yo muy tarde ya en la noche hablemos hombre a hombre, finalmente. Imagínatelo, en una de esas noches memorables de rara comunión, con la botella medio vacía, los ceniceros sucios, y después de agotado el tema de la vida. Que te voy a enseñar un corazón, un corazón infiel, desnudo de cintura para abajo, hipócrita lector -mon semblable,-mon frère! Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo quien me tira del cuerpo a otros cuerpos a ser posiblemente jóvenes: yo persIgo también el dulce amor, el tierno amor para dormir al lado y que alegre mi cama al despertarse, cercano como un pájaro. ¡Si yo no puedo desnudarme nunca, si jamás he podido entrar en unos brazos sin sentir -aunque sea nada más que un momento- igual deslumbramiento que a los veinte años ! Para saber de amor, para aprenderle, haber estado solo es necesario. Y es necesario en cuatrocientas noches -con cuatrocientos cuerpos diferentes- haber hecho el amor. Que sus misterios, como dijo el poeta, son del alma, pero un cuerpo es el libro en que se leen. Y por eso me alegro de haberme revolcado sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos, mientras buscaba ese tendón del hombro. Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones... Aquella carretera de montaña y los bien empleados abrazos furtivos y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo, pegados a la tapia, cegados por las luces. O aquel atardecer cerca del río desnudos y riéndonos, de yedra coronados. O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino. Y recuerdos de caras y ciudades apenas conocidas, de cuerpos entrevistos, de escaleras sin luz, de camarotes, de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos, y de infinitas casetas de baños, de fosos de un castillo. Recuerdos de vosotras, sobre todo, oh noches en hoteles de una noche, definitivas noches en pensiones sórdidas, en cuartos recién fríos, noches que devolvéis a vuestros huéspedes un olvidado sabor a sí mismos! La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota, de la langueur goûtée à ce mal d'être deux. Sin despreciar -alegres como fiesta entre semana- las experiencias de promiscuidad. Aunque sepa que nada me valdrían trabajos de amor disperso si no existiese el verdadero amor. Mi amor, íntegra imagen de mi vida, sol de las noches mismas que le robo. Su juventud, la mía, -música de mi fondo- sonríe aún en la imprecisa gracia de cada cuerpo joven, en cada encuentro anónimo, iluminándolo. Dándole un alma. Y no hay muslos hermosos que no me hagan pensar en sus hermosos muslos cuando nos conocimos, antes de ir a la cama. Ni pasión de una noche de dormida que pueda compararla con la pasión que da el conocimiento, los años de experiencia de nuestro amor. Porque en amor también es importante el tiempo, y dulce, de algún modo, verificar con mano melancólica su perceptible paso por un cuerpo -mientras que basta un gesto familiar en los labios, o la ligera palpitación de un miembro, para hacerme sentir la maravilla de aquella gracia antigua, fugaz como un reflejo. Sobre su piel borrosa, cuando pasen más años y al final estemos, quiero aplastar los labios invocando la imagen de su cuerpo y de todos los cuerpos que una vez amé aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo. Para pedir la fuerza de poder vivir sin belleza, sin fuerza y sin deseo, mientras seguimos juntos hasta morir en paz, los dos, como dicen que mueren los que han amado mucho.
10/16/2005
Rigor Mortis
- Estás muy demacrada –espetó Amaro contrariado- Los años no pasan en balde para nadie
La muerte se miró a Amaro de arriba abajo y guadaña en ristre no pudo menos que carcajear ante tal falta de respeto. Entonces, cambiando de tema radicalmente, le dijo que tenía un contrato vitalicio con la pitonisa. Lo que ya no concretó es que tipo de comisión recibía por cliente.
Sigue Buscando
Me cansé de nublar atardeceres alimentando nuestros insaciables egos, de lamer heridas, de escribir cartas de amor en tu torso desnudo, de la lluvia de estrellas encima nuestro, de rezarte en las iglesias y olvidarte en las botellas, de la indiferencia del tus labios, de la parsimonia de tus manos, de subirme a los terrados para aullarle al mundo mi desencanto, del engaño al cual me sometes con tu indiferencia, y de un número múltiple de doscientos de cosas más.
Me cansé de reinventar noches, una a una, de esculpirme en tu mente, de los vendavales calamitosos de tu alma, de la necedad de esta sinrazón equilibrada, de fotografiar este profético naufragio, del vacío de la presencia-ausencia que dejas en mi cama, de mirarme en tus ojos y reflejarme en tus pies, de la esclavitud de los horarios, de verte reflejada en la bañera, del tufillo que desprende la rutina, de pensarte, buscarte y no encontrarte entre despojos, de zurcir nuestros corazones, de llorarte mil mares y de cientos de miles de millones de cosas mal.
¿Porque me dices que en esta tómbola siempre toca, si solo queda una papeleta y el vendedor no me transmite buenas vibraciones? ¿Qué debo hacer si la abro y solo encuentro un sigue buscando?.
12 de Junio
Nerea asintió con la cabeza en un gesto tan delicado como condescendiente. Sus ojos se encontraron con dulzura y sus labios sellaron un pacto de silencio que hoy en día, después de veinte años, aún continúa vigente.
Esa noche se amaron, y no fue un amor como otros amores, de los que se cobijan en el desconsuelo y en la amargura. Allí arriba, donde habitan las orquídeas, fueron cómplices de un deseo nuevo que se repetiría durante mucho tiempo, madrugada tras madrugada, hasta que, como un ladrón de sueños, les sorprendería el alba.
Ander era un chico listo, o al menos eso le decía su madre, no había estudiado más que el graduado escolar, pero era un chico listo. Su espigada figura y su nariz puntiaguda, amén de la graciosa perilla pelirroja que lucía, le daban un aspecto desaliñado pero tierno. Su padre Tirso, trabajador incansable, murió cinco años atrás en un desprendimiento producido por causas naturales en las minas de Zarautz, motivo por el cual su incansable madre había tenido que sacar adelante a tres retoños enquistados en una eterna adolescencia.
Nerea tenía 25 años y un encanto natural. Sus ojos color miel destilaban dulzura y sus pausas antes de realizar cualquier comentario causaban algo de impaciencia en Ander. Ander trabajaba en una granja y repartía la mercancía a domicilio, únicamente con la ayuda de su vieja bicicleta Orbea, compañera de desdichas y de alguna que otra alegría.
Así que la culpa del amor de Ander y Nerea lo tienen una docena de huevos de gallina, la vieja Orbea, y una oportuna intervención del azar. Porque hay personas a las que el destino las une y hay otras que prefieren provocarlo. Nerea y Ander son el destino personificado.
En el Monte de Santa Tecla todas las noches se producía el milagro de la resurrección del amor, pero nunca más volvieron a ver lo que vieron la noche del 12 de junio, la historia jamás contada hasta hoy, día en que la locura se ha desatado en el corazón de Ander.
Ander madrugó aquella mañana, la del 12 de junio, tenía que llevar a su madre al médico, ya que hacía tiempo que las malditas migrañas no le dejaban dormir, y se habían convertido en un ocupa de su cabecita. La vieja Orbea chirriaba protestando por su injusta misión, las bicicletas también se tornan cascarrabias con el paso de los años,- pensó Ander esbozando una sonrisa- Finalmente llegaron al dispensario, ubicado en las afueras del pueblo y aparcaron la bicicleta amarrándola a un arbolito.
El doctor Garitano era un hombre de mediana edad, facciones agradables, y carácter dócil. Ander lo comparaba con uno de esos perros pequeñitos y gruñones que se cobijan en las faldas de la dueña después de ladrar. El doctor Garitano fumaba con boquilla, se reencontró con el vicio el día que halló en la mesita de noche una nota de su mujer diciendo que se largaba por aburrimiento. Desde aquel día en su corazón habitaba el cartel de cerrado por derribo.
Las migrañas nunca desaparecieron, pese a las mil y una recetas que ordenó el Doctor Garitano para acabar con ellas. La desgracia disfrazada de tumor cerebral se llevaría a la señora madre de Ander dos años y cinco meses después. Posiblemente los tiempos de penurias pasaron tremenda factura en su salubridad, Ander creía fehacientemente que su padre se la había llevado con el, a algún lugar mejor donde todas las noches compartirían cena con velitas para dos.
Ander trabajaba duro, de sol a sol, lo que exigieran las circunstancias, ya que como el mismo reconocía, no se podía tener a la clientela insatisfecha en los días que corrían. Los dueños de la granja eran un matrimonio, ya mayor, oriundo de Buenos Aires, que huyeron de la guerra y de la miseria escondidos en un buque de carga una fría madrugada de enero del cincuenta y seis. Eran buena gente, solía decir Ander a Nerea, mientras ella asentía. Nerea siempre asentía.
Ander dejó para el final el encargo más pesado. La señora Pascual siempre pedía víveres en cantidades industriales, como si adivinará el estallido de una guerra de forma inminente. Ella alegaba que mujer precavida valía por dos, a lo cual Ander respondía satisfactoriamente, ofreciéndola la mejor de sus sonrisas. La señora Pascual vivía en un tercero del barrio más humilde de Donostia, y ello exigía un desplazamiento largo y duro. Al llegar la señora Pascual siempre ofrecía a Ander un vaso de leche y un trozo de pastel delicioso, elaborado por ella. Siempre se lo recordaba, y la verdad es que a Ander no le sabía mal que lo hiciese, sabía reconocer cuando alguien estaba orgulloso de una buena faena. Y la señora Pascual lo estaba.
Cuando Ander partió ya empezaba a anochecer y encendió la tenue luz de su Orbea, mientas despacito emprendía el camino de vuelta a la aldea. En su cabeza la imagen de Nerea aparecería pronto, y el saber que ella le estaba esperando allí, en la cima del Monte de Santa Tecla le haría sacar fuerzas de flaqueza. Hoy, 12 de junio, cumpleaños de Nerea y aniversario de la muerte de su padre. El destino en ocasiones es demasiado cruel, pensó mientras empezaba a pedalear a más celeridad.
Al llegar a la cima Nerea ya estaba allí esperándole. Extrajo un pañuelo para secarle el sudor y le dio un beso que sonó como un trueno en el desierto. A Ander le fascinaba el sabor del néctar que emanaba de su boca, cerraba sus ojos y era capaz de pasarse allí minutos y minutos, buceando entre su carne y devorando su saliva libidinosamente. Cuando acabó el protocolo cotidiano se dirigieron al rinconcito habilitado para su regocijo, donde renombraban estrellas e reinventaban constelaciones a la espera de que el milagro del amor se reencarnara entre sus pechos.
¿Quién puede reinventar el amor cada noche, resucitar estrellas, olvidar al olvido, disimular los dolores y enterrar los pesares? Ander y Nerea, Nerea y Ander.
Tú también lo has visto, ¿verdad?
Nerea asintió con la cabeza en un gesto tan delicado como condescendiente. Sus ojos se encontraron con dulzura y sus labios sellaron un pacto de silencio que hoy en día, después de veinte años, se ha roto como un jarrón de bohemia.
Ander esta en el Monte de Santa Tecla, sentado veinte años después pero Nerea ya no está allí, esperándola con su pañuelo rosa de seda y su boca empapada de deseo.
“Y ese que era nuestro secreto, lo que vimos un doce de junio y pactamos con un beso que nunca debía revelarse, ahora tu lo has traicionado dejándome a la deriva. Nerea, lo has hecho y ahora estás muerta. Tirso y mamá se te han llevado
Ahora eres una estrella más, estás entre Tirso y mamá. Yo pronto seré la estrella que os ilumine a todos. Ahora que tildan mi deseo de locura, que embrutecen mis palabras y difaman mis acciones, todos sabrán la verdad de lo que vimos el doce de junio de 1977. Quizás sea ya demasiado tarde para todo, quizás, mas no existe valentía más sufrida que la de romper el silencio con una gran bocanada de libertad. Eso es lo que has hecho Nerea y eso es lo que voy a hacer yo, jugármela a doble o nada Tengo la cámara preparada y cinta para rato. Aquí, esperando a que aparezcas de una vez, maldito Demonio de la noche y sellemos un nuevo pacto. De momento tengo tabaco y provisiones para rato. No hay prisa Belcebú, después de veinte años ya no la hay”
8/07/2005
Raspas
Supe entonces de tus amores desgraciados, de cuando te rompieron el brazo, del día que tus padres te echaron de casa al encontrar aquellas pastillas de colores tan raras. Conocí a través de las raspas todas y cada una de tus lágrimas, como se estrellaron en el suelo y como derritieron el hielo que viste tus entrañas, comiéndoselas, merendándoselas sin piedad ni recato.
Contemplando tus miserias, tus primerizas arrugas, me encontré a tu lado, sumergido en el cubo de basura, buscando allí lo que la vida te había negado durante todos estos años. Fue entonces cuando encontré un corazón de trapo rezurcido y de pálido color. Lo miré y decidí darle un zurcido más, para después pintarlo de ilusión y regalártelo.
Desde entonces compartimos raspas, todas las raspas son para nosotros, ellas nos alimentan, se alojan allí, entre nuestros corazones rezurciditos pero contentos de saber que todos los días reciben su ración diaria, ni mucho ni poco.
Y rezo todos los días para que nunca se acaben esas raspas que entrelazan nuestros pechos. Aunque se que siempre llega el día en que una se te atraganta, pierdes la respiración y te pones morado. Para cuando eso ocurra lo tengo todo previsto. Comeremos carne.
5/07/2005
TRISTURA (1ª PARTE)
Cuando despiertas eres un mar entero
El duerme placidamente
Y tu corazón desbocado deja de latir
Con desmesura
Sabes que nada ha cambiado
Y durmiendo con tu enemigo
Deseas que nunca amanezca
Para que no se noten las marcas
Y no pintar esas ojeras
Que cuelgan de tus persianas
Para quedarse prendidas
En un jirón de tu alma
Desnutridas
Como el amor ajado
Que un día aprehendiste
Entre tus dedos
Volátil y fugaz
Como esa estrella
Perdida entre galaxias
Devorada por un agujero negro
Donde perdiste el timón
De este barco neumático
Y pasaste de ser cárcel a ser reo
De tener lástima a tener miedo
Mucho miedo
4/28/2005
Jodido es.
Que jodido es vivir cuando no te sientes aprovechado, cuando te autolimitas y vives con el freno de mano echado todo el día, mordiéndote la lengua y callando verdades como puños, con miedos y fobias, con falta de autoestima y ansiedad. Pero que malo sería vivir en un remanso de paz, donde todos fuésemos buenos y el sol brillara todos los días iluminando nuestras patéticas existencias, tan perfectas ellas, sin indecisiones ni angustiosas noches de tiritera.
¿Y porque éste pegajoso calor de verano que me derrite?, ¿ ésta astenia primaveral que me mece y me sumerge en una letanía de bostezos y sueños?,¿ éste frío invernal que penetra en mis huesos sin permiso?, ¿ésta lluvia otoñal que cala las entrañas y cofunde mis lágrimas saladas?
Y es jodido levantarse y creerse el centro del universo, sentir que no hay mujer en el mundo que merezca pisar el mismo suelo por donde piso, compartir los mismos labios con los que beso, escuchar las sentencias incontestables que nacen de mi perfecto intelecto. Siento, en ocasiones, que no hay mujer que merezca ser rodeado por mis brazos, ser mecido por mirada ni agasajada por mis parabienes.
Pero, ¿no es acaso más jodido ser un infeliz que sabe a ciencia cierta que su futuro tiene forma de maruja compulsiva?, coleccionista de culebrones en DVD y amante de los rulos y las cremas antiarrugas. Los años pasan y a veces la prisa se convierte en desespero, y éste a su vez en errores. Errores sin remisión ni alivio. Yo no quiero un futuro normal, pero quizás si quiera un futuro normalizado.
Y es jodido vivir, pero más jodido debe ser morirse. Cuando eso pase ya no habrá extremos y dejaremos de mirarnos nuestros putos ombligos buscando el centro del universo y encontrando solo pedazos de roña. Entonces, solo entonces, quizás encontremos la verdad, y el equilibrio que ahora tanto echo en falta. Por ahora me parece que las cosas están jodidas. Jodido es.
4/17/2005
4/07/2005
RECOMENDADO DE LA SEMANA ( O DEL MES, O DEL AÑO....)
El primer single se llama "Tournedo" y sirva como muestra un botón:
"y aunque siga suspirando por algo que no era cierto,
me lo dicen en los bares, es algo que llevas dentro.
Que no dejas que te quieran, solo quieres que te abracen.
Y publicas que no tuve ni valor para quedarme."
Aunque reconozco que cada vez cuesta más que una canción me erice en vello, ¿quién no se deja conmover cuando alguien escupe versos como estos?
Envidio a los privilegiados.
4/06/2005
2 FORMAS DE ENTENDER LA LITERATURA
"Erase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y escriba,
érase un peje espada muy barbado.
Era un reloj de sol mal encarado,
érase una alquitara pensativa,
érase un elefante boca arriba,
era Ovidio Nasón más narizado.
Erase un espolón de una galera,
érase una pirámide de Egito,
las doce Tribus de narices era.
Erase un naricísimo infinito,
muchísimo nariz, nariz tan fiera
que en la cara de Anás fuera delito".

